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Energía limpia: una oportunidad para el desarrollo del país

06-05-2026
Foto: UTE

En el año 2010, tras el acuerdo multipartidario para el cambio de matriz, el sistema eléctrico uruguayo logró consolidarse como uno de los más limpios del mundo, con una generación casi totalmente renovable.

Hoy, comienza a desplegarse una nueva etapa: la revolución energética. Si antes el foco estuvo puesto en transformar la generación, el desafío actual consiste en direccionar esa energía limpia hacia la descarbonización de la economía nacional.

En este nuevo escenario, UTE, como empresa sostenible y rentable, aparece, una vez más, como posibilitadora por excelencia del desarrollo sostenible.

Volver a los orígenes

La mirada sostenible está en la propia génesis de UTE. Desde sus primeras etapas, la planificación del sistema eléctrico estuvo asociada a una concepción más amplia de desarrollo en la que la energía debía contribuir al bienestar de la sociedad y al desarrollo del país en su conjunto.

En ese sentido, la sostenibilidad forma parte de una tradición país, de la cual UTE es expresión, que ha buscado equilibrar crecimiento, equidad y responsabilidad en el uso de los recursos, incorporando de forma temprana la dimensión ambiental como un eje central para el desarrollo del país.

La sostenibilidad significa que las generaciones futuras puedan acceder a los mismos recursos y oportunidades que las actuales. Para ello, resulta fundamental gestionar la energía de forma responsable y promover un uso cada vez más eficiente de los recursos disponibles.

Así, educar en eficiencia energética, impulsar cambios en los hábitos de consumo y promover tecnologías más limpias no son únicamente decisiones técnicas. Son parte de una estrategia y una visión integral para construir un modelo de desarrollo capaz de sostenerse en el tiempo.

Hace un año, nuestra empresa pública se propuso retomar esa visión y volver al para qué de las cosas. De este modo, tanto la movilidad sostenible (hasta ahora conocida como movilidad eléctrica) como la educación en eficiencia energética son algunos de los ejes que adquieren un nuevo sentido dentro de una visión más amplia del desarrollo. No son objetivos en sí mismos, sino herramientas complementarias que contribuyen a la descarbonización de la economía y al uso responsable de la energía.

De movilidad eléctrica a movilidad sostenible

A diferencia de la mayor parte de los países del mundo en los que la electricidad depende en gran medida de combustibles fósiles, en Uruguay la matriz de generación es casi totalmente renovable.

Esto cambia completamente el sentido de la electrificación del transporte, dado que no es solo sustituir un motor por otro, sino reemplazar un sistema basado en emisiones por uno que, en su funcionamiento, reduce de manera sustancial el impacto ambiental. 

Es esa combinación la que permite que el cambio sea realmente significativo; el proceso de transformación de la matriz eléctrica es lo que habilita que podamos pensar el transporte eléctrico como parte de una estrategia país orientada a la descarbonización. En este esquema, el transporte ocupa un lugar clave, ya que es un componente esencial de la actividad económica y, al mismo tiempo, uno de los principales focos de emisiones.

En este marco, resulta más acertado hablar de movilidad sostenible que de movilidad eléctrica, no solo como un cambio de denominación, sino como la expresión de un paradigma más integral que entiende que la sostenibilidad va más allá de lo ambiental. Supone avanzar hacia un modelo de desarrollo que sea capaz de sostenerse en el tiempo, optimizando el uso de los recursos y generando beneficios para la sociedad en su conjunto. 

Cuando la energía limpia se integra, además, al transporte público, el beneficio ambiental y social se amplifica. El cambio deja de depender exclusivamente de decisiones individuales y pasa a formar parte de transformaciones estructurales en la forma en que organizamos la movilidad. En ese sentido, Uruguay cuenta con condiciones particularmente favorables para avanzar, ya que la alta participación de energías renovables en la generación eléctrica permite incorporar soluciones de movilidad basadas en energía limpia, fortaleciendo al mismo tiempo la competitividad del país y la sostenibilidad de su desarrollo.

Por eso, la movilidad sostenible es una herramienta para transformar el sistema de transporte en línea con un modelo más eficiente y sostenible, con un énfasis central en el fortalecimiento del transporte público colectivo. En definitiva, es la articulación entre una matriz energética limpia y nuevas formas de movilidad lo que permite proyectar un desarrollo en el que crecimiento económico y cuidado ambiental no solo conviven, sino que se potencian.

Eficiencia energética para el desarrollo

La eficiencia energética es un componente central de las estrategias de desarrollo sostenible. Más allá de una lógica de ahorro, implica repensar la forma en que se utiliza la energía, incorporando criterios que permitan mantener los niveles de bienestar. El objetivo no es restringir el consumo, sino promover formas de uso que mantengan el confort y, a su vez, reduzcan el impacto ambiental. En ese equilibrio entre uso y cuidado es donde se construye, en definitiva, una relación más sostenible con la energía.

En ese marco, la educación adquiere un rol estratégico. Incorporar hábitos de uso eficiente de la energía no requiere grandes transformaciones estructurales, pero sí tiene un impacto significativo en el corto y largo plazo. Se trata de una herramienta accesible que permite generar beneficios sostenidos, tanto a nivel individual como colectivo.

Educar en eficiencia energética es también una forma de amplificar resultados. Cuando estos criterios se integran en la vida cotidiana familiar e institucional, se consolidan prácticas que se replican y se expanden, contribuyendo a la construcción de una cultura energética más consciente y responsable.

En definitiva, promover la eficiencia energética es invertir en el futuro. Es sentar las bases de un modelo de desarrollo sostenible que no dependa únicamente de la disponibilidad de recursos, sino de la capacidad de gestionarlos con responsabilidad.

En ese camino, la educación se posiciona como un primer paso clave, por su alcance y por su capacidad de generar impactos duraderos.

Reflexiones finales

La transición energética que ha atravesado Uruguay en los últimos años marcó un punto de inflexión en la forma de pensar el desarrollo. La transformación de la matriz eléctrica generó las condiciones para desacoplar el crecimiento económico del aumento de la contaminación. En otras palabras, demostró que, lejos de ser objetivos contrapuestos, el crecimiento económico y la sostenibilidad pueden reforzarse mutuamente cuando existe una visión estratégica de largo plazo.

En este nuevo escenario, la energía eléctrica se convierte en un vector clave para la descarbonización de la economía, habilitando que sectores como el transporte, la industria y los servicios avancen hacia modelos más sostenibles. De ese modo, esa transformación, además de reducir la huella ambiental del sector energético, se proyecta sobre el conjunto del sistema productivo.

Desde UTE, este proceso se asume con la convicción de que la energía es una palanca fundamental para el desarrollo del país, con impacto directo en la calidad de vida de las personas y en el fortalecimiento de las comunidades.

Hoy, más que construir desde cero, se trata de colocar las prioridades en el lugar adecuado y aprovechar al máximo una matriz energética que posiciona al país en un lugar de excepcionalidad.

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