Los países de la Unión Europea dieron este viernes un paso decisivo para concretar el acuerdo comercial con el Mercosur, al respaldar el pacto negociado por la Comisión Europea con el bloque sudamericano integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La decisión del Consejo de la UE despeja uno de los principales obstáculos políticos para la firma del tratado, que podría dar lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 720 millones de consumidores, según informó El País de España.
Aunque la votación formal aún debe completarse, fuentes diplomáticas europeas indicaron al diario español que el apoyo de los Estados miembros alcanzará la mayoría cualificada necesaria, permitiendo avanzar hacia el acto protocolar de firma, previsto para la próxima semana en Sudamérica.
Un respaldo clave con apoyos y resistencias
El aval fue posible luego de que Italia modificara su posición y apoyara el acuerdo, tras obtener concesiones de la Comisión Europea en los últimos días. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, sostuvo que su país logró los compromisos que reclamaba para dar el visto bueno.
En contrapartida, Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda mantienen su rechazo, mientras que Bélgica optó por la abstención. Aun así, el equilibrio de fuerzas garantiza que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, puedan avanzar con la firma del acuerdo.
Un acuerdo estratégico en un escenario global inestable
De acuerdo con el análisis publicado por El País, para la Unión Europea el pacto con el Mercosur trasciende lo estrictamente comercial. En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, proteccionismo y el repliegue de Estados Unidos, Bruselas busca reforzar su credibilidad como actor global y diversificar alianzas económicas.
Las negociaciones entre la UE y el Mercosur comenzaron en 1999 y, tras más de dos décadas de avances y retrocesos, alcanzaron un primer principio de acuerdo hace 20 años. Sin embargo, las objeciones de algunos países europeos —en especial Francia— y las exigencias del Parlamento Europeo en materia ambiental obligaron a reabrir las discusiones hasta arribar al texto actual.
Beneficios económicos proyectados
Según datos de la Comisión Europea citados por El País, el acuerdo permitiría a la UE acceder a un mercado de 270 millones de habitantes, con un PIB conjunto estimado en 2,7 billones de euros. Las proyecciones oficiales indican que las exportaciones europeas podrían aumentar en 84.000 millones de euros y generar cerca de 756.000 nuevos empleos.
Entre los sectores más beneficiados se encuentra el automotriz, afectado por la competencia de los vehículos eléctricos chinos, así como las industrias química y farmacéutica. También se prevé una reducción significativa de aranceles para productos agroalimentarios europeos, como el queso, el vino y las bebidas espirituosas.
Objeciones agrícolas y obstáculos pendientes
Pese a estas previsiones, el acuerdo sigue generando un fuerte rechazo en el sector agrícola europeo, que volvió a manifestarse en distintos puntos del continente. Los productores consideran insuficientes las salvaguardas previstas, incluso aquellas aprobadas a fines de 2025, que habilitan medidas de protección si se detectan distorsiones en el mercado interno.
El camino institucional tampoco está completamente despejado. El acuerdo aún deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo, donde el respaldo no está asegurado debido al peso de los grupos de extrema derecha, la oposición de la izquierda y las tensiones entre intereses nacionales.
Incluso, algunos eurodiputados evalúan llevar el texto al Tribunal de Justicia de la UE, lo que podría retrasar su entrada en vigor. Además, el líder del grupo ultra Patriots, Jordan Bardella, anunció que impulsará una nueva moción de censura contra la Comisión Europea por este acuerdo, según detalla El País.