El embarazo no suspende la vida laboral de las mujeres, pero sí exige condiciones de trabajo que contemplen los cambios físicos, emocionales y neurobiológicos propios de esta etapa. Las empresas tienen hoy un rol clave en la prevención del estrés prenatal y en la promoción de entornos laborales más saludables y sostenibles.
La participación activa de las mujeres en el mercado laboral ha sido uno de los grandes avances sociales de las últimas décadas. Sin embargo, este progreso no siempre ha ido acompañado de una adaptación suficiente de las organizaciones a las necesidades específicas de las mujeres embarazadas. En muchos contextos, el embarazo sigue siendo vivido como un desafío individual que la trabajadora debe "gestionar" en soledad, en lugar de ser abordado como una responsabilidad compartida entre persona y organización.
Desde el punto de vista médico y de la salud laboral, el embarazo implica cambios fisiológicos, hormonales y emocionales que pueden influir en la tolerancia al estrés, la fatiga, el sueño y la concentración. Cuando estas transformaciones se combinan con altas demandas laborales, presión por el rendimiento, inseguridad contractual o falta de apoyo organizacional, el riesgo de estrés crónico aumenta significativamente.
La evidencia científica ha demostrado que el estrés sostenido durante el embarazo no solo afecta la salud de la mujer trabajadora, sino que también puede tener impacto en el desarrollo fetal, a través de mecanismos neuroendocrinos y epigenéticos. Por este motivo, las condiciones laborales durante la gestación deben considerarse una variable relevante en la prevención en salud materno-infantil.
En este escenario, las empresas pueden desempeñar un rol preventivo fundamental. Colaborar con la salud de la mujer embarazada no implica únicamente cumplir con la normativa legal vigente, sino adoptar una mirada estratégica de cuidado, que redunda en beneficios humanos y organizacionales
Entre las medidas más relevantes se encuentran la flexibilización de horarios, la posibilidad de realizar teletrabajo cuando la tarea lo permite, la adecuación de objetivos y cargas laborales, y el acceso a pausas adecuadas para el descanso. Estas acciones, lejos de disminuir la productividad, suelen mejorar el compromiso.
Asimismo, el acompañamiento emocional resulta clave. Contar con espacios de escucha, asesoramiento médico-laboral y una comunicación clara con los equipos de liderazgo reduce la ansiedad asociada al temor a "ser una carga" o a perder oportunidades de desarrollo profesional. La formación de jefaturas en salud laboral es, en este sentido, una herramienta central.
Desde una perspectiva de gestión humana, acompañar el embarazo en el trabajo también contribuye a disminuir el ausentismo no planificado, prevenir complicaciones médicas y facilitar una reintegración laboral más saludable tras la licencia maternal. Las organizaciones que invierten en políticas de cuidado temprano construyen entornos más equitativos y sostenibles en el largo plazo.
Es importante destacar que cuidar a una mujer embarazada en el ámbito laboral es cuidar a dos generaciones al mismo tiempo. El bienestar materno durante el embarazo se asocia con mejores indicadores de salud física y mental tanto para la madre como para el futuro hijo o hija.
Integrar el embarazo dentro de las políticas de salud laboral no debería ser visto como un costo adicional, sino como una inversión en capital humano y salud pública. Las empresas que comprenden este enfoque no solo cumplen con su responsabilidad social, sino que se posicionan como actores clave en la construcción de una sociedad más saludable.
Bibliografía
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