La Estancia Hotel Residencial: Una propuesta que busca transformar la forma de cuidar a los adultos mayores

3 Mayo de 2026
Foto: Estancia Residencial
Foto: Estancia Residencial

La Estancia Hotel Residencial está en Canelones, en un antiguo casco de estancia, a pocos kilómetros de la capital del departamento. Nació a fines de 2020, en plena pandemia, impulsada por Sabino Montenegro, un profesional con más de 17 años de experiencia en el rubro. 

Apuesta por un modelo centrado en el bienestar, la vida en comunidad, la naturaleza y una atención personalizada. Fue concebido desde el inicio con una idea clara: ofrecer un espacio donde el cuidado esté acompañado por bienestar, cercanía y una vida cotidiana más humana.

En un país cada vez más envejecido, pensar el cuidado de los adultos mayores implica mucho más que resolver una necesidad asistencial. También supone preguntarse cómo quieren vivir las personas esa etapa, qué lugar ocupa la autonomía, cómo se combate la soledad y qué tipo de entornos favorecen una mejor calidad de vida.

Con esa mirada nació La Estancia Hotel Residencial, el proyecto de Sabino Montenegro. "Queremos que la persona esté mejor que en su casa", resumió, en diálogo con Somos Uruguay Revista.

La historia de La Estancia comenzó en 2019, cuando Montenegro y su equipo empezaron a trabajar sobre un predio que los cautivó desde el primer momento. La llegada del covid obligó a enlentecer el proceso, pero no alteró el rumbo.

El primer residente ingresó el 26 de diciembre de 2020. Desde entonces, La Estancia fue creciendo de forma sostenida, consolidando una propuesta que se diferencia por su infraestructura, su entorno y, sobre todo, por una forma particular de entender el cuidado.

El residencial fue diseñado en una sola planta, sin escalones, con accesibilidad total, dormitorios amplios, espacios comunes generosos y una fuerte presencia de áreas verdes. Hoy cuenta con unos 15.000 metros cuadrados de espacio natural, árboles y animales que forman parte de la experiencia cotidiana.

"Poder abrir una ventana y ver naturaleza fue un poco lo que soñamos y lo que tratamos de implementar", contó el empresario.

Una experiencia de vida cotidiana

La Estancia funciona con 32 plazas y se ha posicionado como una propuesta que, más allá del alojamiento o la atención médica, pone el foco en la calidad de vida de quienes viven allí.

Para Montenegro, el diferencial no está solo en el lugar, sino en una suma de decisiones diarias que buscan respetar la individualidad y los hábitos de cada persona. "Trabajamos en el bienestar de la persona", afirmó. 

Ese enfoque se traduce en una lógica de cuidado donde importan tanto los grandes servicios como los pequeños detalles: desde los menús variados y adaptados a los gustos de cada residente, hasta la posibilidad de sostener costumbres o antojos que forman parte de su historia personal.

Como ejemplo, el director recuerda una anécdota que para él resume parte del espíritu del lugar: un grupo de residentes pidió comer "panchos con puré", una comida cargada de memoria afectiva para varios de ellos. El pedido fue escuchado y terminó incorporándose ocasionalmente al menú de verano.

Para Montenegro, ese tipo de decisiones forman parte del cuidado: entender que la calidad de vida también se construye en lo cotidiano, en lo conocido y en lo que hace sentir a una persona en casa.

El valor del equipo y la continuidad en los cuidados

Otro de los pilares de La Estancia es la estabilidad de su equipo de trabajo. Actualmente, el residencial emplea a 22 personas, muchas de las cuales forman parte del proyecto desde su apertura.

La directora técnica, la profesional del área social, la gerencia y buena parte del personal se mantienen desde 2020. Para Montenegro, esa continuidad es clave para construir confianza, tanto en los residentes como en sus familias. "Es muy importante que las personas se sientan seguras, que las estén cuidando personas que no rotan", sostuvo.

La lógica de trabajo, explicó, también busca cuidar a quienes cuidan: salarios competitivos dentro de las posibilidades del sector, beneficios, flexibilidad horaria y un clima laboral que favorezca la permanencia.

Una respuesta a la soledad y al aislamiento

Durante la entrevista, Montenegro insistió en una idea que atraviesa toda su visión del proyecto: el envejecimiento no debería asociarse únicamente a la dependencia, sino también a la necesidad de seguir teniendo vínculos, actividad y comunidad.

En ese sentido, considera que muchos de los problemas que atraviesan las personas mayores no se explican solo por el deterioro físico o cognitivo, sino también por el aislamiento. "Las personas mayores se enferman más por soledad que por muchas otras enfermedades", aseguró, y agregó una definición que resume buena parte de su filosofía: "La soledad, en las personas mayores, es como una enfermedad silenciosa".

Por eso, en La Estancia la convivencia con pares, las actividades y el acompañamiento cotidiano son parte esencial de la propuesta. La meta, dijo, es que el residencial no sea visto únicamente como un lugar de asistencia, sino como un entorno donde las personas puedan seguir activas, acompañadas y contenidas.

Aunque La Estancia continúa expandiéndose, Montenegro tiene claro que el crecimiento no puede darse a cualquier escala. Hoy el residencial cuenta con 32 plazas y proyecta llegar a 42 en los próximos meses. Sin embargo, su idea es que el centro no supere, en términos generales, las 50 o 55 personas. "Cuando un centro de larga estadía pasa de esa cantidad, se pierde la calidad humana del cuidado", aseguró.

Para él, uno de los mayores riesgos del sector es que los residentes se conviertan en un número. Por eso insiste en sostener un modelo en que el vínculo personal siga siendo posible: conocer a cada persona, hablar con ella, saludarla, identificar sus necesidades y mantener una relación directa. "A mí me gusta ir a visitar y que todos sepan quién soy", dijo.

Un sector con desafíos estructurales

Más allá de la propuesta particular de La Estancia, Montenegro también puso sobre la mesa una realidad más amplia del sector en Uruguay: la dificultad de muchas familias para acceder a centros habilitados y con estándares de calidad sostenidos en el tiempo.

Según explicó, el país cuenta con entre 1.300 y 1.400 residenciales, pero solo alrededor de 300 están habilitados, una diferencia que, a su entender, refleja un problema social y económico de fondo. "Ahí hay un problema social muy grande", sostuvo.

Para el director de La Estancia, muchas veces las familias terminan optando por residenciales de menor costo -en algunos casos muy por debajo de los valores que implica sostener una estructura formal, con personal, controles y servicios permanentes- porque no cuentan con recursos suficientes para acceder a propuestas habilitadas y con equipos estables.

En el caso de La Estancia, la estadía tiene un costo que parte de los $ 85.000 mensuales por una plaza en habitación compartida, mientras que una habitación individual asciende a $ 135.000, con todos los servicios incluidos: alimentación, lavandería, enfermería, atención médica y el conjunto de prestaciones que exige un centro de larga estadía habilitado.

Para el director, esa estructura de costos ayuda a explicar por qué muchas familias terminan recurriendo a opciones más económicas, aunque no siempre cuenten con habilitación o con los mismos estándares de cuidado.

En ese sentido, planteó que el desafío no es únicamente de los prestadores privados, sino también del sistema en su conjunto. A su entender, la posibilidad de incorporar apoyos o coberturas vinculadas al Fonasa para el cuidado de adultos mayores sería una herramienta que podría aliviar parte de esa carga económica y mejorar las condiciones de acceso a centros de larga estadía de mejor calidad.

Montenegro considera que, en un país cada vez más envejecido, el debate sobre el cuidado de las personas mayores necesita avanzar no solo en infraestructura y servicios, sino también en mecanismos de financiamiento y regulación que permitan reducir la brecha entre quienes pueden pagar una propuesta formal y quienes hoy quedan limitados por razones económicas.

La próxima etapa: más espacios adaptados a nuevas necesidades

Como parte de ese crecimiento, La Estancia avanza en una ampliación dentro de su predio en Canelones, donde prevé sumar nuevas plazas. Además, Montenegro aseguró que desarrollará un nuevo centro de convivencia pensada para personas con demencia y alzhéimer, con infraestructura adaptada y espacios seguros para acompañar mejor este tipo de cuadros.

Según explicó, el objetivo es ofrecer un entorno donde las personas puedan caminar, vincularse y recibir cuidados específicos sin perder libertad, con una propuesta orientada a reducir prácticas como las sujeciones y priorizar el bienestar.

Más adelante, además, proyecta sumar una nueva etapa de expansión vinculada a un formato de coliving para personas mayores más autónomas, pensado para quienes aún pueden valerse por sí mismas, pero que buscan vivir acompañadas, con servicios y en comunidad.

Ambos desarrollos, en definitiva, apuntan en la misma dirección: ampliar la oferta sin perder de vista la idea original con la que nació el proyecto.

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