La dieta del estrés: lo que comemos también impacta en nuestra salud mental

Vivimos hablando del estrés como si fuera solamente una cuestión emocional o psicológica. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que nuestra alimentación influye directamente en cómo pensamos, dormimos, nos concentramos y enfrentamos las exigencias diarias.

Foto: Getty Images/iStockphoto
Foto: Getty Images/iStockphoto

En la consulta muchas personas llegan convencidas de que el problema es únicamente "mental". Refieren cansancio, irritabilidad, falta de concentración, insomnio o sensación de agotamiento constante. Pero cuando profundizamos en los hábitos cotidianos, aparece un patrón que se repite: alimentación desordenada, exceso de cafeína, comidas rápidas, pocas frutas y verduras, ayunos prolongados y escaso descanso.

Y no es un detalle menor.

El estrés modifica la manera en que comemos, pero también la forma en que nuestro cuerpo procesa los nutrientes. A su vez, una mala alimentación puede aumentar la vulnerabilidad frente al estrés. Es una relación bidireccional que muchas veces subestimamos.

Hace años que desde la medicina del estrés observamos cómo determinadas deficiencias nutricionales impactan en el estado de ánimo, el rendimiento cognitivo y la capacidad de adaptación. El clásico "no tengo energía" muchas veces no es solamente emocional: también puede haber detrás una alimentación pobre en micronutrientes esenciales.

Diversos estudios han señalado el rol de vitaminas del complejo B, vitamina C, magnesio, zinc y hierro en los mecanismos relacionados con la respuesta al estrés. Estos nutrientes participan en funciones cerebrales clave vinculadas con neurotransmisores, metabolismo energético y regulación del sistema nervioso.

El problema es que el estilo de vida actual conspira contra esos equilibrios.

Vivimos rápido. Comemos rápido. Dormimos poco. Y pretendemos rendir al máximo.

En Uruguay —como ocurre en gran parte del mundo— se volvió habitual sostener jornadas enteras a café, bebidas energéticas y alimentos ultraprocesados. El cuerpo responde, sí, pero a un costo alto: más inflamación, peor descanso, más ansiedad y mayor sensación de agotamiento mental.

En mi libro Vivir con Estrés hablo justamente de cómo muchas personas terminan naturalizando síntomas que en realidad son señales de alarma del organismo. El problema es que cuando el cuerpo habla y no lo escuchamos, finalmente grita.

En consulta veo con frecuencia profesionales jóvenes que presentan dificultades para concentrarse, irritabilidad o sensación de "mente saturada". Muchos creen que necesitan únicamente vacaciones. Pero al revisar hábitos encontramos cenas tardías, exceso de pantallas, consumo elevado de cafeína y alimentación muy pobre durante el día laboral.

No existen alimentos mágicos contra el estrés. Pero sí existen patrones alimentarios que ayudan a modular mejor la respuesta fisiológica frente a las demandas diarias.

Las dietas ricas en frutas, verduras, pescados, frutos secos, legumbres y alimentos frescos se asocian con mejores indicadores de salud mental. Particularmente los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados como salmón o sardina, han mostrado efectos beneficiosos sobre procesos inflamatorios y regulación cerebral.

También empieza a cobrar fuerza el concepto de eje intestino-cerebro. Hoy sabemos que la microbiota intestinal participa activamente en múltiples procesos vinculados al estado de ánimo y la regulación emocional. Por eso una alimentación basada exclusivamente en ultraprocesados no impacta solamente en el peso o en el metabolismo: también puede afectar cómo nos sentimos.

Del otro lado, el exceso de azúcar, alcohol, cafeína y bebidas energéticas suele empeorar síntomas como irritabilidad, ansiedad y alteraciones del sueño.

Y aquí aparece un punto importante: no se trata de buscar perfección alimentaria. Se trata de recuperar cierta conciencia sobre cómo vivimos.

Comer sentado. Hacer pausas. Hidratarse. Dormir mejor. Disminuir el piloto automático.

Porque el estrés no se aborda solamente desde la agenda o desde la psicoterapia. También se trabaja desde el cuerpo.

La salud mental no empieza únicamente en la mente. Muchas veces empieza en hábitos cotidianos aparentemente pequeños que repetimos todos los días.

Y ahí, la alimentación tiene mucho más poder del que creemos.

Bibliografía

* Espinosa Hernández JA, Cué Brugueras M. Vitaminas y minerales contra el estrés. Revista Cubana de Farmacia. 2001;35(1):74-78. Disponible en: [http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-75152001000100013](http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-75152001000100013) ([SciELO][1])

* Mayo Clinic. Síntomas de estrés: consecuencias en tu cuerpo y en tu conducta. 2023.

* PUC Chile. Alimentación y estrés. Escuela de Nutrición y Dietética. 2018.

* Morín Apela V. Vivir con Estrés. Barker Publishing. Disponible en Amazon.

Últimas noticias