Abrirse a la vida: una decisión incómoda, pero necesaria

No es la falta de oportunidades lo que muchas veces nos limita, sino el cierre silencioso con el que transitamos la vida. Abrirse no es espontáneo: es una decisión.

Foto: Pxhere
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Hay decisiones que no parecen decisiones. No hacer esa llamada. No decir lo que sentimos. No avanzar. No soltar. Y sin embargo, ahí también hay elección.

Abrirse a la vida no es un concepto romántico ni liviano. Es, en muchos casos, profundamente incómodo. Porque implica exponerse, asumir riesgos emocionales y salir de la zona en la que, aunque no estemos bien, al menos todo es previsible.

Abrirse es acción.

Es decir una palabra que quedó pendiente.
Es acercarse cuando sería más fácil alejarse.
Es pedir ayuda en lugar de sostenerlo todo en soledad.
Es también poner un límite, cuando lo automático sería ceder.

No tiene que ver con hacer "más cosas", sino con dejar de postergar aquello que ya sabemos que importa.

El problema es que el cierre suele disfrazarse de prudencia, de lógica o incluso de fortaleza.
"Mejor no digo nada."
"Prefiero esperar."
"No es el momento."

Y así, casi sin darnos cuenta, la vida queda en pausa.

Hay un costo silencioso en ese modo de estar: se pierde contacto con lo que moviliza, se achican las posibilidades y se instala una sensación de distancia —de uno mismo y de los otros— que no siempre se puede nombrar, pero sí se siente.

Abrirse no garantiza resultados.
No asegura reciprocidad.
No evita el error.

Pero habilita algo que el cierre bloquea: movimiento.

Y donde hay movimiento, hay posibilidad.

En los entornos laborales esto se vuelve especialmente evidente. Equipos donde no circula la palabra, donde cuesta expresar desacuerdos o pedir apoyo, tienden a rigidizarse. La comunicación se empobrece, las tensiones aumentan y las decisiones se vuelven más reactivas que estratégicas.

Lo mismo sucede a nivel personal.

La apertura no es ingenuidad. Es flexibilidad.
Es poder estar disponible sin perder criterio.
Es animarse a participar, aun cuando no todo esté bajo control.

Hay una imagen potente: la de algo que sigue abriéndose aun cuando no recibe inmediatamente lo que espera. No por insistencia ciega, sino porque cerrarse implicaría dejar de existir en su forma más plena.

Ahí hay una clave.

A veces no se trata de esperar a que cambie el contexto.
Se trata de revisar desde dónde estamos respondiendo a ese contexto.

¿Desde el repliegue o desde la posibilidad?

No es un cambio espectacular.
Es un gesto mínimo, pero sostenido.

Y muchas veces, alcanza con eso para que algo empiece a moverse.

Bibliografía

Edmondson, A. C. (2018). The Fearless Organization: Creating Psychological Safety in the Workplace for Learning, Innovation, and Growth. Wiley.

McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation. Physiological Reviews, 87(3), 873-904.

Morín, V. (2022). Vivir con Estrés. Disponible en Amazon.

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