“Quedan muchos sacrificios, pero el 2022 será mejor”


El presidente de Cutcsa y de la Cámara de Transporte, Juan Salgado, afirmó que debemos ser conscientes de que aún queda un largo camino para superar la pandemia y sus consecuencias económicas y sociales, pero que el país llegará al 2022 con claridad y fuerza, y habrá una nueva normalidad. El empresario recibió a Somos Uruguay Revista en su oficina del piso 25 de las torres de Nuevocentro y recordó cómo afectó la pandemia al transporte y el rol del sector para mantener la conectividad en todo el país, y se refirió al plan de renovación de flota de Cutcsa.

¿Cómo afrontó la empresa los primeros momentos de la pandemia?

El 13 de marzo del 2020 el transporte se comprometió con el gobierno nacional y la Intendencia de Montevideo a mantener la conectividad en todo el país. Fue un sacrificio desde todo punto de vista. En lo económico, se cerró el 2020 con una caída del 30 %, algo que se dio en todo el país, y también fue un momento malo para la vida de las personas, porque la gente salía a trabajar y no sabía con qué se iba a encontrar, no sabía los alcances de la enfermedad, ni cómo protegerse; fue algo que fuimos aprendiendo.

La Cámara del Transporte definió que el sector se iba a alinear en un 100 % a las medidas sanitarias que decidiese el órgano regulador, y así lo hicimos.

En el medio de todo eso, desde marzo hasta ahora, surgían lo que parecían soluciones mágicas, pero nosotros decidimos respetar a rajatabla los informes de los científicos.

Una de las primeras medidas fue el uso obligatorio del tapaboca para el pasaje y el personal. Luego de eso, apareció que la ventilación era un tema fundamental, tan importante de acuerdo al informe de los científicos como el uso del tapaboca.

Si uno mira información de Europa, en todos los países el tapaboca y la ventilación están en el mismo rango de importancia.

No solamente el servicio era deficitario, y teníamos una pérdida económica importante, sino que poner el servicio a funcionar, asegurar esa conectividad, nos salía mucho más caro porque requería de una importante cantidad de medidas de sanitización de las unidades y otras que el protocolo no marcaba pero que se hacían igual.

¿Cómo se fue concretando el proceso de sanitización?

Tuvimos muchas reuniones a nivel del gobierno departamental, pero sobre todo a nivel de gobierno nacional, en Presidencia de la República, con el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, en las que fuimos afinando qué se debía hacer para mejorar la garantía para quienes viajaban y para quienes trabajaban en las unidades.

Se eliminaron las cortinas de toda la flota de ómnibus del país, eso llevó a que las empresas tomaran la decisión de poner las placas en el vidrio.

En el caso de Cutcsa, no solamente es una placa de color, es una placa de seguridad, por lo que las ventanas pasan a ser blindadas. Ha ocurrido que nos han tirado piedras, y la piedra no pasa. Eso requirió una inversión importante.

Se decidió también trabajar en muchas terminales con limpiezas rápidas de sanitización en los lugares de contacto.

Cutcsa tiene ya desde principios del 2020, en las 27 terminales de Montevideo, equipos de limpieza, hay casi 400 personas dedicadas a atender el tema sanitario. Cuando llegan los ómnibus, en los minutos de espera que tiene el personal, sube una cuadrilla de gente, limpia los pasamanos, los asientos, le hace una limpieza rápida, además de la limpieza profunda que se hace en los talleres y en los lugares de estacionamiento casi todas las noches.

Y para que funcionaran todos estos equipos se necesitó también una gran inversión, todo eso encareció. Solo en sanitización de unidades, Cutcsa gastó entre marzo y diciembre 100 millones de pesos, pero no había otro camino. Teníamos que darle seguridad y garantía a nuestro personal para poder cumplir el servicio porque estaba expuesto, y teníamos que darle garantías a la gente para volver a utilizar el transporte público, y eso se podía lograr con el tapaboca, la ventilación, la sanitización y el alcohol en gel.

En cada unidad de Cutcsa, al lado de la boletera, hay un dispensador de alcohol en gel. Se gastaron casi 2 millones de dólares en esto.

Tenemos la satisfacción de que no ha habido contagios relacionados con el uso del transporte. Arriba de esas unidades están nuestros trabajadores y nadie se contagió. Al día de hoy, no ha habido contagios que se pudieran vincular como causa del trabajo.

Tenemos la información al día de lo que va pasando en el mundo y las medidas que se van tomando, y el transporte colectivo fue un soporte para los gobiernos de todo el mundo.

Acá, cuando la movilidad pasó a ser del 20 %, ese 20 % tenía que viajar, sí o sí, gente de la salud, policía, bomberos.

A pesar de que viajaba muy poca gente, tuvimos que reprogramar servicios desde distintos puntos de Montevideo para llegar en hora a todas las zonas de hospitales durante las horas de entradas y salidas, porque a las diez de la noche o a las seis de la mañana hay entrada y salida de hospitales.

Trabajamos en conjunto con Graciela Ubach, en ese momento directora del Hospital de Clínicas, para ver desde dónde venían, y con la Sociedad Española hicimos lo mismo, cubrimos toda la zona dando un servicio social, y eso es lo que pasó en el transporte en general.


¿Cómo calificaría la respuesta del gobierno nacional y departamental ante esa situación?

En primer lugar, la actitud de los trabajadores fue de una responsabilidad superior, porque entendieron que para nosotros pedirle al gobierno nacional y departamental que nos respaldaran para dar ese servicio, teníamos que demostrarle qué era lo que estábamos haciendo.

El 75 % de las medidas de ahorro que pudieron contribuir a mantener las empresas en el país funcionando fueron medidas de las empresas en convenio con los trabajadores y los bancos. El transporte no salió a “mangar”, salió a decir: “Nosotros hicimos esto; acá van a faltar 10 pesos; a 7,50 ya le conseguimos solución, ahora hay 2,50 con los que nos tiene que ayudar el gobierno y las intendencias”.

Desde el principio —cuando no se sabía todavía la magnitud—, lo que se necesitaba era ver una buena disposición, que había sentido común y confianza por sobre todas las cosas. Cuando empezamos a hablar de dinero, llegamos a la conclusión de que de dinero teníamos que hablar después, porque no sabíamos de qué y de cuánto estábamos hablando.

Yo tenía la convicción de que a esta crisis había que encararla de forma solidaria, sabiendo que el transporte estaba mal, pero sabiendo que tal otro sector también está mal. No debía ser unos contra otros, sino tratar de volver todos juntos a la nueva normalidad.

El nuevo gobierno recién estaba entrando, y para nosotros fue importantísimo ver la actitud del ministro Luis Alberto Heber tratando de buscar soluciones y reconociendo el esfuerzo que estaban haciendo las empresas. A nivel de la Intendencia las elecciones se iban posponiendo, y no teníamos al nuevo intendente, pero hablamos con todos y sabíamos que nos iban a entender.

El boleto debía aumentar en enero, se hizo un esfuerzo entre todas las partes, la Intendencia, el Ministerio de Transporte y las empresas con los trabajadores, y el aumento pasó a abril. Se va a ajustar, pero el intento de no recargar los costos a la gente que está utilizando el sistema es compartido por todas las partes. Está claro que el que viaja no va a poder enfrentar las pérdidas de la pandemia. Hay que buscar otra solución.

¿Cómo se logró concretar un plan de renovación de flota en esta situación?

El plan que encaramos implicó 269 coches entre el segundo semestre del 2020 y enero y febrero del 2021. Parece difícil comprender por qué se hizo en un momento tan difícil en el que en general el transporte de pasajeros, como el resto de las actividades, atravesó un año 2020 de mucha angustia, pero los planes de renovación no se generan de un día para el otro.

¿El dinero sale de la paramétrica?


Sí, hay un porcentaje. En otros tiempos, lo que se destinaba para renovación de flota se utilizaba para gestión y por lo tanto no se renovaba la flota. En el 2000 renovamos ómnibus del año 60. Hoy Cutcsa, como todo el transporte, tiene la flota más nueva de toda la historia del transporte en el Uruguay. El ómnibus más viejo que va a tener Cutcsa es del 2008. Los planes de renovación de flota se facilitaron porque las empresas pudieron acceder a créditos con la garantía del fideicomiso del gasoil, que no solamente le da estabilidad al precio del boleto, sino que es una herramienta de garantía que permite que las empresas puedan tener sus herramientas de trabajo nuevas.

¿Cómo es ese proceso de renovación?

Normalmente las empresas negocian con el vendedor del chasis, con la mecánica, en Brasil, y con el carrocero. Eso implica unos meses de negociación, ver algunos componentes, cambios en la carrocería, etcétera. Después que se acuerdan todas las especificaciones, se cuantifica y se sale a conseguir los créditos.

Después que están otorgados los créditos, se encarga, se arma la parte mecánica y después empieza a llegar a Uruguay. Ese proceso lleva entre un año y un año y medio. Cutcsa define sus planes de renovación con entre dos y tres años de anticipación.

Nosotros teníamos un plan de renovación en el 2019 que era para el 2020 y el 2021: 20 coches eléctricos, 15 coches de un nuevo modelo de coches interdepartamentales, y seguir con los coches de piso bajo con aire acondicionado, más allá de que no se pueda usar ahora.

En un mes y medio que pudimos utilizar los primeros, en febrero del 2020, fueron tremendamente positivos los comentarios y el cambio de calidad de servicio con el aire acondicionado.

En el 2019 hicimos la compra, cerramos la compra en el 2020 y empezaron a venir en el segundo semestre del 2020. Los últimos días de febrero llegó la última unidad.

Fueron 234 unidades de piso bajo con aire acondicionado, puertos USB. Tienen motor Euro 5, que tiene una calidad de quema de combustible mucho mejor para el medioambiente. Son los que se están usando en la mayoría de las capitales en Europa.

Llegaron también los 15 ómnibus nuevos de los coches interdepartamentales.

Desfasado y fuera de contexto puede confundir; alguien se puede preguntar cómo con esta situación de crisis se puede gastar esto, pero ya estaba comprado.

Hoy no tenemos ningún plan de renovación pendiente, y tenemos la flota más nueva de la historia, con más de la mitad de la flota con coches accesibles para discapacitados o silla de ruedas.

En esos 15 ómnibus interdepartamentales que vienen, viene el primero con rampa electrónica. Hubo que hacerle toda una ingeniería bastante compleja, y seguramente en algún momento en la mayoría de los coches va a haber rampa.

¿Cómo incide lo ambiental en el proceso de renovación de flota?

Siempre apuntamos a mejorar el tema medioambiental. Cutcsa gasta dos millones y medio de litros de gasoil por mes, cualquier cosa que se haga en esa dirección es muy bueno y contribuye a mejorar el ambiente en la ciudad; y por el contrario, si no lo hace, perjudica.

Seguiremos con los coches a los que ya impusimos norma Euro 5, y con los eléctricos, en la medida en que acordemos con el Estado.

Tenemos 20 coches eléctricos y una infraestructura en nuestros talleres que tiene capacidad para 100. Compramos un ómnibus eléctrico en el 2016, fuimos la única empresa que hizo esa inversión para probar, sin ningún tipo de subsidio ni nada.

Tenemos conclusiones claras, no hay ninguna duda de que se debe pasar del gasoil al eléctrico, no al híbrido.

El eléctrico tiene dos elementos que tiene que mejorar, pero que son fundamentales.

Uno es la autonomía, porque hoy los coches que están trabajando lo pueden hacer solo en algunos recorridos. El otro tema es el tiempo de carga, que hoy está en cuatro o cinco horas. Hay que cargar de noche, no solo porque la electricidad sale más barata, sino porque además es cuando están los coches parados.

Pero el ahorro de un coche eléctrico es muy importante porque un ómnibus a gasoil tiene 4.000 componentes mecánicos y el eléctrico tiene 400. Si miramos con atención, el ahorro principal no es el combustible. Es importante, pero, por ejemplo, si tuviéramos que cargar el ómnibus de día, nos sale más caro que el gasoil. Además, el precio de la electricidad no depende de nosotros, quizás mañana sube.

En cambio, si yo tengo un ómnibus con menos componentes, no tengo aceite, no puede gastar, no tiene bomba de inyección. El ómnibus eléctrico sale más caro, el primer ahorro es el combustible, pero el segundo ahorro, que es menor pero es el más genuino, son los componentes y el mantenimiento; por eso llegamos a la conclusión de que es el gasoil o el eléctrico.

¿Cómo se imagina la etapa poscovid?

Se va a comenzar a normalizar mucha cosa, vamos a tener que adaptar las empresas y trabajadores a una nueva normalidad, seguramente en ningún caso va a ser igual que antes.

En el transporte es probable que venga algún período de turbulencia normal, que hay que esperarla, que va a ser de carácter económico, porque no se recupere el trabajo en su totalidad, o porque la presencialidad no esté como tendría que estar.

Creemos que para encarar esta etapa es importante que los que están al frente estén humanamente sanos, y que la empresa esté lo más sana y ordenada posible.

No hay que quedarse en prever la desgracia, o empezar a quejarse de lo que no pasó, pero hay que ser conscientes de que todavía queda por delante un camino empedrado, y que vamos a tener que seguir remando mucho tiempo.

Seguramente las consecuencias positivas de la vacuna las vamos a empezar a ver en primavera, y ahí redondearemos un año de tanto o más sacrificio que el 2020, para encarar un 2022 sano, con claridad, con fuerza, sabiendo que va a haber una nueva normalidad.