Una contractura puede tener origen organizacional

Las patologías más frecuentes en las certificaciones médicas, según datos del Banco de Seguros del Estado, revelan un patrón que va más allá de lo clínico: el cuerpo como expresión de la carga laboral sostenida y de condiciones de trabajo que aún no logramos gestionar de forma integral.

Foto:  Pexels
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Estaba mirando una publicación reciente del Banco de Seguros del Estado y me pareció importante detenerme en un punto: las patologías más frecuentes en las certificaciones médicas.

A simple vista, es un dato técnico.  Pero cuando se lo mira con atención, empieza a decir mucho más.

La lista es clara: dorsalgia en primer lugar, seguida por trastornos gastrointestinales, ansiedad, episodios depresivos e infecciones respiratorias. No es un dato menor.

Porque no estamos viendo enfermedades aisladas. Estamos viendo un patrón.

Dolor de espalda.
Trastornos digestivos.
Ansiedad.
Depresión.

Distintas formas de expresión de un mismo fenómeno: la carga sostenida.

La dorsalgia —la más frecuente— suele asociarse a factores físicos. Pero en la práctica clínica sabemos que no es solo postura o esfuerzo.

El cuerpo se contractura cuando sostiene tensión.
Y esa tensión muchas veces no es solo física.

Los trastornos gastrointestinales también ocupan un lugar relevante. Y nuevamente, no es solo alimentación.

El sistema digestivo es uno de los primeros en responder al estrés, a la exigencia constante, a la falta de pausa.

Lo mismo ocurre con los trastornos de ansiedad y los episodios depresivos, que aparecen de forma explícita en la gráfica.

Y ahí el dato deja de ser neutro.

Porque muestra que la salud mental no está separada de la salud física.
Está atravesándola.

Incluso las infecciones respiratorias, que parecen más "biológicas", están vinculadas al funcionamiento del sistema inmunológico, que se ve afectado por el estrés crónico.

Entonces, la lectura cambia.

No estamos viendo solo enfermedades.
Estamos viendo cómo el trabajo impacta en el cuerpo.

Y cómo el cuerpo termina siendo el canal de expresión cuando el sistema no logra procesar la carga.

Este es uno de los mayores desafíos actuales:
seguimos abordando los síntomas de forma fragmentada.

Se mejora la ergonomía, pero no se revisa la carga mental.
Se habla de estrés, pero no se modifican las condiciones que lo generan.
Se trata la enfermedad, pero no el contexto.

Y así, el síntoma vuelve.

Con otro nombre.
En otro órgano.
Pero vuelve.

Desde la salud laboral, el cambio es claro: integrar.

Entender que una contractura puede tener origen organizacional. Que un cuadro digestivo puede estar vinculado a la dinámica de trabajo.
Que la ansiedad no siempre es un problema individual, sino muchas veces una respuesta adaptativa a un entorno exigente.

Las certificaciones médicas no son solo un registro. Son un lenguaje.

Un lenguaje que habla de lo que no siempre se dice en las organizaciones.  Escucharlo —y actuar— es lo que realmente marca la diferencia.

Porque el cuerpo siempre avisa. La pregunta es si estamos dispuestos a entender lo que está diciendo.

Bibliografía 
Banco de Seguros del Estado (BSE). (2026). Patologías más frecuentes por cantidad de certificaciones. Recuperado de https://www.bse.com.uy
Organización Internacional del Trabajo (OIT). (2022). Riesgos psicosociales en el trabajo y salud mental. Ginebra: OIT.
World Health Organization (WHO). (2022). Guidelines on mental health at work. Geneva: WHO.
European Agency for Safety and Health at Work (EU-OSHA). (2021). Psychosocial risks and stress at work.
Karasek, R., & Theorell, T. (1990). Healthy Work: Stress, productivity, and the reconstruction of working life. New York: Basic Books.
Siegrist, J. (1996). Adverse health effects of high-effort/low-reward conditions. Journal of Occupational Health Psychology, 1(1), 27-41.

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