Una mirada desde la salud, el sentido y los vínculos humanos

¿Por qué los jóvenes de hoy son más infelices?

Foto: istockphoto
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Durante décadas, la investigación en bienestar describió un patrón bastante estable en la experiencia de la felicidad a lo largo de la vida: la conocida curva en "U". Según este modelo, las personas suelen comenzar la adultez con niveles relativamente altos de bienestar, atraviesan un descenso en la mediana edad y luego experimentan un repunte emocional a partir de los 50 años. Sin embargo, la evidencia reciente muestra que este patrón se está modificando de manera significativa.

Un artículo publicado en The Atlantic por Arthur C. Brooks, basado en datos del Global Flourishing Study, advierte que los jóvenes —especialmente menores de 30 años— están reportando niveles de felicidad históricamente bajos en todo el mundo. Este fenómeno es global, pero resulta más marcado en países ricos, industrializados y altamente secularizados, como Estados Unidos y gran parte de Europa occidental.

El Global Flourishing Study, que analizó a más de 200.000 personas en 22 países evaluando múltiples dimensiones del bienestar (salud física y mental, relaciones, sentido de vida y estabilidad económica), muestra que la curva de felicidad ya no comienza alta en la juventud. Por el contrario, se inicia baja, se mantiene así durante varios años y recién mejora en etapas más avanzadas de la vida. Es decir, muchos jóvenes están entrando a la adultez con un déficit de bienestar que antes no era habitual.

¿Cuáles son las razones de este malestar silencioso pero extendido?

Uno de los factores centrales es el debilitamiento de las relaciones humanas profundas. Las generaciones jóvenes están hiperconectadas digitalmente, pero cada vez más desconectadas en términos emocionales. Las redes sociales multiplican los contactos, pero no sustituyen la intimidad, la confianza ni la presencia real. Los datos muestran que los jóvenes que sí conservan amistades cercanas, relaciones íntimas y vínculos significativos mantienen una curva de bienestar más parecida a la tradicional. La conexión humana auténtica sigue siendo uno de los principales predictores de felicidad.

Otro eje clave es la pérdida de sentido y de comunidad. En muchas sociedades prósperas se ha producido un fuerte descenso de la afiliación religiosa y de otras formas de pertenencia colectiva. Esto no implica necesariamente una defensa de la religión organizada, sino una constatación clínica y social: cuando las personas pierden espacios de trascendencia, rituales compartidos y narrativas de sentido, aumenta la sensación de vacío existencial. La espiritualidad, entendida de forma amplia —como búsqueda de propósito, valores y significado— cumple un rol protector para la salud mental.

A esto se suma una paradoja propia del mundo contemporáneo: el crecimiento del bienestar material no se traduce automáticamente en bienestar emocional. Las sociedades más ricas ofrecen más comodidades, más opciones y mayor seguridad económica, pero también muestran niveles más bajos de percepción de propósito vital. El dinero facilita la vida, pero no responde a las preguntas profundas sobre para qué vivimos ni con quién compartimos el camino.

Desde la práctica clínica y el trabajo cotidiano en salud psicoemocional, este fenómeno no resulta ajeno. El aumento de consultas por estrés crónico, ansiedad, apatía y sensación de vacío en personas jóvenes es una realidad creciente. Como desarrollo en Vivir con estrés, el problema no es solo la sobrecarga de estímulos o exigencias, sino la ausencia de pausas, vínculos nutritivos y un sentido claro que ordene la vida cotidiana.

¿Qué podemos aprender de estos datos?

En primer lugar, que la salud integral de los jóvenes no puede abordarse solo desde lo individual ni desde lo material. Necesita vínculos, comunidad y propósito. En segundo lugar, que promover el bienestar implica crear espacios para el encuentro cara a cara, fortalecer redes de apoyo y acompañar la construcción de una vida interior significativa. Y, finalmente, que el verdadero florecimiento humano no depende tanto de tener más, sino de vivir con mayor profundidad, coherencia y conexión.

Repensar la felicidad juvenil es, en definitiva, un desafío sanitario, social y cultural. Si queremos sociedades más saludables, necesitamos volver a poner en el centro aquello que siempre sostuvo al ser humano: el vínculo, el sentido y la pertenencia.


Bibliografía

Brooks, A. C. (2025, 1 de mayo). Young people are increasingly unhappy around the world.
The Atlantic.
https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2025/05/young-people-global-unhappiness/682632/

Global Flourishing Study. (2024). Global flourishing: Findings from 22 countries.
Harvard University & Baylor University.

Helliwell, J. F., Layard, R., Sachs, J. D., De Neve, J.-E., Aknin, L. B., & Wang, S. (2024).
World Happiness Report 2024. Sustainable Development Solutions Network.

Morín Apela, V. (2024). Vivir con estrés: Estrategias para disfrutar de una vida equilibrada y saludable.
Barker Books.

Putnam, R. D. (2020). The upswing: How America came together a century ago and how we can do it again.
Simon & Schuster.

VanderWeele, T. J. (2017). On the promotion of human flourishing.
Proceedings of the National Academy of Sciences, 114(31), 8148-8156.
https://doi.org/10.1073/pnas.1702996114

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