Es cada vez más frecuente que los pacientes no lleguen por "estrés" como motivo principal, sino por síntomas físicos que, en apariencia, no se conectan entre sí. Uno de los más subestimados: las molestias oculares. Visión borrosa intermitente, sensación de ojo seco, fatiga visual, espasmos en el párpado o hipersensibilidad a la luz. El cuerpo avisa. Y los ojos, en particular, son un órgano altamente sensible a los estados emocionales y al sobreesfuerzo cognitivo.
El sistema visual está íntimamente conectado con el sistema nervioso autónomo. Cuando vivimos en modo alerta sostenida —lo que clínicamente definimos como estrés crónico— se produce una hiperactivación simpática que altera funciones básicas: disminuye el parpadeo, tensa la musculatura periocular y modifica la lubricación natural del ojo. El resultado: incomodidad visual, dificultad para enfocar y una sensación constante de cansancio.
En mi libro Vivir con Estrés, desarrollo cómo el estrés no es solo una respuesta emocional, sino un fenómeno biológico integral que impacta múltiples sistemas. Los ojos, en este contexto, funcionan como un verdadero "termómetro" del desgaste. En la Clínica del Estrés, vemos con frecuencia pacientes que, tras múltiples consultas oftalmológicas normales, encuentran en el abordaje del estrés la clave para comprender lo que les ocurre.
A esto se suma un factor contemporáneo: la sobreexposición a pantallas. Pasamos horas frente a dispositivos, con una reducción significativa del parpadeo (hasta un 60% menos), lo que agrava los síntomas de sequedad ocular y fatiga visual. Pero el problema no es solo visual: es también mental. La hiperconectividad mantiene al cerebro en estado de vigilancia constante.
¿Qué podemos hacer desde un enfoque preventivo y terapéutico?
Primero, incorporar pausas visuales activas. La regla 20-20-20 (cada 20 minutos, mirar a 20 pies de distancia durante 20 segundos) es simple y efectiva. Segundo, cuidar la higiene del sueño: dormir bien es esencial para la recuperación neurosensorial. Tercero, recuperar el parpadeo consciente, especialmente durante el uso de pantallas. Cuarto, reducir el consumo de estimulantes y promover actividad física regular, que actúa como modulador natural del estrés.
Pero, sobre todo, es clave hacer una lectura más profunda del síntoma. No se trata solo de "ojos cansados". Se trata de un cuerpo que está pidiendo otra forma de vivir.
El desafío actual no es solo ver mejor, sino vivir con mayor claridad interna. Porque cuando el estrés baja, la mirada también cambia.
Referencias bibliográficas
• Morin, V. (2022). Vivir con Estrés. Disponible en Amazon.
• American Optometric Association. (2020). Computer Vision Syndrome.
• Sheppard, A. L., & Wolffsohn, J. S. (2018). Digital eye strain: prevalence, measurement and amelioration. BMJ Open Ophthalmology, 3(1), e000146.
• World Health Organization. (2020). Mental health in the workplace.
• Rosenfield, M. (2016). Computer vision syndrome: a review of ocular causes and potential treatments. Ophthalmic and Physiological Optics, 36(5), 502-515.