Sociedad

Certificaciones médicas: cuando el aumento deja de ser un dato y pasa a ser una señal

El aumento sostenido de certificaciones médicas y su mayor incidencia en mujeres no solo refleja ausencias laborales, sino un cambio en las formas de enfermar, consultar y habitar el trabajo.

Estaba revisando los últimos datos publicados por el Banco de Seguros del Estado y hay algo que no pasa desapercibido. Más de 153.000 certificaciones médicas en un mes.
Con un aumento de casi 24% respecto al mes anterior y más de 10% en comparación con el año previo.

Esto ya no es una variación. Es una tendencia.

Y cuando los números crecen de esta manera, la pregunta cambia: ¿qué está pasando detrás de ese aumento?

Las certificaciones médicas suelen analizarse desde el impacto económico o la gestión administrativa. Pero ese enfoque hoy queda corto.

Porque cuando el crecimiento es sostenido, deja de ser un tema de control.
Pasa a ser un tema de sistema.

Otro dato relevante es la distribución por sexo.

 

Las mujeres presentan una mayor proporción de certificaciones que los hombres.
Y esto no es casual.

Habla de múltiples capas que se superponen.

Por un lado, una mayor consulta en salud. Por otro, una mayor carga global.

Trabajo, cuidado, familia, gestión emocional. Muchas veces todo al mismo tiempo.

Y eso impacta.

No desde la debilidad, sino desde la exposición.

Las mujeres no necesariamente se enferman más. Pero sí están más expuestas a una combinación de demandas que, cuando no se gestionan, terminan expresándose en el cuerpo. 

Este dato obliga a ampliar la mirada.

No alcanza con analizar el trabajo de forma aislada. Hay que entender el contexto en el que las personas trabajan.

Y ahí aparece uno de los grandes desafíos actuales: las organizaciones siguen diseñadas bajo una lógica que no siempre contempla la complejidad real de las personas.

Horarios rígidos, exigencia sostenida, poca flexibilidad, escaso reconocimiento de las tareas de cuidado.

El resultado es previsible. Más carga. Más desgaste. Más certificaciones.

Pero hay un punto clave que no podemos perder de vista.

El aumento de certificaciones no necesariamente es solo un problema.
También puede ser un indicador de algo que está cambiando.

Mayor registro. Mayor consulta. Mayor habilitación a parar.

Es decir, menos naturalización del malestar. Y esto, desde la salud, es un avance.

El problema no es que las personas se certifiquen. 
El problema es que necesiten hacerlo.

Por eso, el foco no debería estar únicamente en reducir números.
Debería estar en entender qué los está generando.

Porque cuando un sistema empieza a mostrar este tipo de señales, lo que está en juego no es solo la salud individual.

Es la sostenibilidad del trabajo.

Y ahí es donde las organizaciones tienen un rol central.

No desde el control.
Desde el diseño.

Diseñar condiciones que permitan sostener el rendimiento sin deteriorar la salud.

Ese es hoy el verdadero desafío.