Celebrar la medicina con mirada humana: a las mujeres médicas, con gratitud y entendimiento
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Mundial de la Mujer Médica, una fecha que honra a todas las profesionales de la salud que, con vocación y compromiso, sostienen la medicina con su saber, su entrega y su humanidad. Esta fecha rememora también a Elizabeth Blackwell, pionera en romper barreras académicas al convertirse en 1849 en la primera mujer en obtener un título en Medicina en Estados Unidos en una época en la que la profesión era excluyentemente masculina.
El mismo 11 de febrero es celebrado por la ONU como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado para visibilizar la participación femenina en la ciencia y la investigación, y para sensibilizar sobre la urgencia de avanzar hacia la plena igualdad de género en estos campos.
Estas conmemoraciones convergen en una verdad profunda: el liderazgo de las mujeres en la medicina y la ciencia no es una excepción histórica, sino una necesidad contemporánea, que ha transformado la atención de la salud y los paradigmas de investigación en todo el mundo.
Mujeres médicas en Uruguay: cifras que reflejan cambios y retos
En Uruguay, los cambios en el perfil demográfico de los profesionales médicos no son menores. Según relevamientos nacionales, las mujeres representan actualmente la mayoría de los médicos en ejercicio —aproximadamente 54 % del gremio médico a nivel nacional— y entre los médicos que trabajan en el sistema de salud pública esta proporción puede llegar a ser incluso mayor.
Esta presencia mayoritaria no solo marca un hecho estadístico: es expresión de décadas de transformación social, acceso a la educación superior y derrumbe paulatino de barreras institucionales y culturales que alguna vez limitaron el acceso de las mujeres a la profesión médica.
A pesar de este avance, persisten desafíos estructurales. Por ejemplo, aunque las mujeres ocupan la mayoría de cargos docentes iniciales en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, su representación disminuye en las posiciones de mayor jerarquía académica, un reflejo del fenómeno conocido como "techo de cristal" que sigue afectando la carrera profesional de muchas médicas.
El desafío del equilibrio: vocación, cuidado y bienestar emocional
Más allá de las cifras, hay una dimensión humana que merece atención especial: el equilibrio entre la vida profesional y la salud psicológica de quienes ejercen la medicina. La dedicación a la atención de otros, la exigencia ética constante, las guardias, la responsabilidad en decisiones críticas y, muchas veces, las múltiples cargas —familia, estudio, investigación— implican un desgaste real que se traduce en estrés crónico, agotamiento y, en algunos casos, síntomas de burnout.
Como he enfatizado en otras reflexiones sobre salud laboral y estrés, no es suficiente hablar de equilibrio como concepto —hay que promover prácticas institucionales y personales que lo sostengan: espacios de autocuidado, límites saludables, redes de apoyo y políticas que reconozcan no solo el valor profesional de las médicas, sino también su derecho a la recuperación y a una vida plena fuera del ámbito clínico.
Considerar estas cuestiones no es debilidad; es inteligencia relacional y profesional. Porque la medicina, más allá de su saber técnico, se sostiene en la capacidad de escucha, presencia y empatía, cualidades que emergen cuando la persona que cuida también se siente cuidada.
Mirada hacia atrás, paso firme hacia adelante
En Uruguay, figuras históricas como Paulina Luisi, primera mujer en graduarse como médica en el país y líder feminista que impulsó derechos cívicos amplios para las mujeres, nos recuerdan que la presencia femenina en medicina ha sido también un motor de justicia social. 
Hoy, al saludar a todas las mujeres médicas en su día —desde las jóvenes residentes hasta las maestras de generaciones de colegas— celebramos no solo su formación científica, sino también su estilo de cuidado, su resistencia frente a exigencias enormes y su vocación inquebrantable.
Que esta jornada nos inspire a seguir construyendo una medicina que reconozca la diversidad, fomente la igualdad de oportunidades y cuide también la salud emocional y la calidad de vida de quienes dedican su vida a cuidar a otros.