Sociedad

Calmarnos con recursos internos: cuando el cuerpo pide pausa y la mente necesita volver al eje

11-06-2026
Foto: Freepik

Por María Viviana Torres - Dra. en Psicologia

Vivimos tiempos intensos. A veces las situaciones externas irrumpen inesperadamente y alteran nuestros proyectos, nuestro ritmo cotidiano y hasta nuestra energía vital. Un problema familiar, una preocupación laboral, una pérdida, una incertidumbre económica o simplemente el cansancio acumulado pueden hacernos sentir que perdemos el ánimo, la claridad y la capacidad de sostenernos emocionalmente.

En esos momentos solemos buscar alivio inmediato. Intentamos apagar lo que sentimos con distracciones constantes, impulsos, exceso de trabajo, comida, enojo o cualquier forma de anestesia emocional que nos permita seguir funcionando sin detenernos a escuchar qué nos está pasando realmente.

Sin embargo, muchas veces el verdadero camino hacia la calma no está afuera. Está dentro nuestro.

Habitamos un cuerpo y una mente llenos de recursos que no siempre reconocemos. Disponemos de capacidades internas que pueden ayudarnos a recuperar equilibrio, claridad y bienestar, pero en medio de la exigencia cotidiana solemos olvidarlo. Y cuando perdemos conexión con nuestra propia fortaleza, nos sentimos más vulnerables frente a las circunstancias.

Por eso resulta tan importante volver a mirarnos.

Detenerse unos minutos puede transformarse en un acto profundo de salud. A veces el cuerpo no necesita más exigencia, sino descanso. Otras veces necesita hidratación, respiración consciente, silencio, una caminata, alimentos livianos o simplemente una pausa real para recuperar energía.

Preguntarnos qué necesitamos puede parecer algo simple, pero no siempre lo hacemos.

¿Qué necesita hoy mi cuerpo?
¿Dormir mejor?
¿Respirar más profundo?
¿Bajar el ritmo?
¿Escuchar música que me haga bien?
¿Estar unos minutos en silencio?

Darnos tiempo no es egoísmo. Es cuidado personal. Y desde ese equilibrio también podemos acompañar mejor a quienes nos rodean.

Las emociones, además, suelen conectarnos con experiencias pasadas, recuerdos o heridas antiguas. Muchas veces reaccionamos desde el miedo, la angustia o el agotamiento acumulado y no desde lo que realmente está ocurriendo en el presente. Por eso es importante detenerse y preguntarse con honestidad: ¿qué estoy sintiendo aquí y ahora?

También nuestros pensamientos influyen directamente en cómo atravesamos las dificultades. Cuando la mente queda atrapada únicamente en el problema, la sensación de encierro emocional aumenta. En cambio, cuando logramos imaginar nuevas posibilidades, distintos caminos o alternativas, algo interno comienza a modificarse. Aparece espacio. Aparece perspectiva. Y con ella, lentamente, vuelve la calma.

Recuperar el eje no siempre implica tener respuestas inmediatas. A veces significa simplemente recordar que contamos con recursos internos para atravesar lo que nos sucede.

La calma no siempre llega desde afuera.
Muchas veces nace cuando volvemos a conectar con nosotros mismos, con conciencia, presencia y cuidado genuino.

Porque antes de intentar sostener todo, también necesitamos aprender a sostenernos a nosotros.