La represa que marcó un antes y un después: 80 años de Rincón del Bonete
Hoy Uruguay es reconocido en el mundo como un caso ejemplar: un país que genera casi la totalidad de su energía eléctrica a partir de fuentes renovables. Esto fue gracias al cambio de la matriz energética que permitió, sostenido en la capacidad de UTE y su histórica mirada ambiental, la transformación eléctrica y que ahora se encamina hacia una nueva etapa de transformación energética.
Pero esa imagen que hoy nos parece natural y sentimos como parte de nuestra identidad es el resultado de un camino largo, complejo y profundamente innovador. Particularmente en el caso de la generación hidráulica, el punto de inflexión llegó con la construcción de Rincón del Bonete, la obra que inauguró la hidroelectricidad pública en Uruguay y que encendió una nueva forma de pensar la energía.
Mucho antes de las turbinas eólicas y los paneles solares, Uruguay exploraba soluciones técnicas audaces para aprovechar los recursos hídricos. Ese fue el primer paso de una política energética sostenida, que décadas después consolidaría al país como referente regional en energías renovables.
La construcción de una visión temprana
La historia de Rincón del Bonete no comienza con la colocación de la primera piedra, sino con una convicción que tardó más de cuarenta años en volverse realidad: que el río Negro podía convertirse en una fuente de energía para el país.
Desde principios del siglo XX, ingenieros y técnicos imaginaron ese aprovechamiento, pero convertir la visión en obra tomó décadas debido a resistencias técnicas, dudas geológicas, disputas institucionales y coyunturas internacionales que cambiaron repetidamente el rumbo.
El primer impulso surgió en 1904, cuando el ingeniero uruguayo Víctor Soudriers fue enviado al río tras la revolución de Aparicio Saravia para evaluar los puentes flotantes levantados durante el conflicto. Fue cuando observó que el río Negro no solo era navegable, sino que su fuerza podía ser aprovechada para generar electricidad.
No obstante, transformar esa intuición en un proyecto concreto no fue sencillo dado que, durante décadas, se sostuvo que la geología de la zona no permitiría la instalación de una represa estable, lo que frenó cualquier avance real.
Recién en 1930, el ingeniero alemán Adolfo Ludin propuso una solución tecnológica que cambió el panorama. Mediante inyecciones en el suelo para reducir la permeabilidad del terreno, demostró que la construcción era viable. De este modo, se logró pasar de la idea a la planificación.
Sin embargo, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la salida de los ingenieros alemanes dejó el proyecto en manos de técnicos uruguayos. Fue entonces otro ingeniero nacional quien tomó un rol fundamental, Luis Giorgi, exdecano de la Facultad de Ingeniería y director general de la Rione. Su liderazgo fue clave para renegociar contratos, adaptar el diseño ante las nuevas condiciones de equipamiento y asegurar que la central se completara con proveedores de Estados Unidos.
Bonete fue la culminación de cuarenta años de perseverancia, estudios y decisiones políticas que, de manera gradual, transformaron una intuición surgida a orillas del río Negro en una de las obras más trascendentes de la historia energética del país.
La transformación del sistema eléctrico
La puesta en marcha de Rincón del Bonete transformó el funcionamiento del sistema eléctrico uruguayo. Hasta mediados de los años 40, el interior del país dependía de pequeñas usinas diésel que abastecían a poblaciones de más de 10.000 habitantes, generalmente con un suministro restringido a horarios vespertinos. Montevideo, por su parte, se alimentaba principalmente de la Central de Generación Termoeléctrica José Batlle y Ordóñez, que contaba con dos unidades de vapor capaces de cubrir la demanda las 24 horas. Sin embargo, ante posibles fallas en alguna de las turbinas, se hacía necesario aplicar cortes de energía.
La entrada en servicio de Bonete cambió ese escenario. Por primera vez, Uruguay incorporó generación hidroeléctrica de gran escala a la red nacional, lo que permitió alivianar la presión sobre las centrales térmicas y asegurar un suministro más estable y continuo. La nueva represa no solo incrementó la potencia de generación, sino que aportó un respaldo operativo que redujo de forma significativa los cortes y permitió avanzar hacia un servicio eléctrico más confiable en todo el país.
Hasta la inauguración de Salto Grande en 1979, Bonete fue la principal fuente renovable de energía eléctrica de Uruguay y el sostén del sistema eléctrico nacional en los momentos más críticos.
Un hito en su tiempo: el panorama regional y global
Para dimensionar verdaderamente el significado histórico de Rincón del Bonete, es imprescindible mirar el contexto regional y global en el que fue concebida y construida.
Cuando comenzó a operar, en 1945, el desarrollo hidroeléctrico mundial estaba liderado por potencias industriales. Obras como Hoover Dam (1936) y Grand Coulee (1942), en Estados Unidos, y represas europeas levantadas entre 1920 y 1940 representaban lo más avanzado en tecnología hidráulica.
En América del Sur los proyectos de gran escala aún estaban en etapas preliminares. Argentina recién proyectaba centrales como El Nihuil y Los Reyunos, y otros países, como Venezuela, iniciarían sus grandes represas recién en los años 50.
En ese contexto, la apuesta uruguaya adquirió un carácter excepcional. Un país pequeño, sin antecedentes en megaproyectos, logró ejecutar una obra que no tenía equivalentes en Sudamérica y que se alineaba con los desarrollos más avanzados del mundo.
Grandes esfuerzos técnicos y humanos
La continuidad operativa de Rincón del Bonete, plenamente vigente ocho décadas después de su inauguración, no es casualidad. Detrás hubo una política constante de intervenir en el momento adecuado, evitando postergaciones por razones presupuestarias o administrativas. Cada gran reparación se realizó a tiempo y con estándares elevados, lo que permitió que la central mantuviera su capacidad sin degradaciones significativas.
La gran inundación de 1959 es un ejemplo claro. Tras quedar bajo el agua los cuatro bobinados de los generadores, tres fueron reemplazados íntegramente y uno recuperado, lo que permitió reanudar el servicio sin pérdida de potencia. Ese mismo espíritu impulsó la modernización de los años 90 y continúa hoy: intervenir a tiempo, sostener la confiabilidad y honrar la responsabilidad de un servicio que nunca puede detenerse.
Pero su permanencia no se sostiene únicamente en la ingeniería. A lo largo de su historia, Bonete sobrevivió a fallas y desafíos operativos que podrían haber comprometido su funcionamiento de manera irreversible. Y no lo hizo solo por la maquinaria, sino por las personas. Equipos que, ante momentos desafiantes, respondieron con profesionalismo y una fuerte cultura de servicio, asegurando que la central continuara aportando al país. A ellos también los celebramos en este aniversario, reconociendo una labor muchas veces silenciosa pero esencial.
80 años después
Su aporte sigue siendo irrenunciable. Rincón del Bonete no solo cambió la generación de energía eléctrica en Uruguay, sino que también se convirtió en modelo para las hidroeléctricas que vinieron después. La forma en que se operaba, se mantenía la infraestructura y se entrenaba al personal marcó un estándar que sería replicado en Baygorria, Palmar y la represa binacional de Salto Grande.
Gran parte de los profesionales que trabajaron en estas centrales se formaron en Bonete y llevaron consigo los métodos y la experiencia adquirida, asegurando la continuidad de buenas prácticas en toda la red hidroeléctrica del país.
Este 21 de diciembre celebramos ocho décadas de energía al servicio del país. Bonete sigue plenamente integrada al sistema eléctrico nacional y se reafirma como ejemplo de cómo una infraestructura histórica puede conservar su valor operativo mientras que consolida su lugar como símbolo del desarrollo energético uruguayo.
Contar la historia de Rincón del Bonete es narrar una visión que se convierte en realidad; cómo Uruguay pasó de mirar hacia afuera a confiar en la fuerza de sus propios ríos y cómo esa decisión sentó las bases de la matriz sostenible que hoy se reconoce como uno de sus rasgos distintivos.