Sociedad

¿Se puede recuperar la sexualidad después de una infidelidad?

Foto: Unplush

"Te perdoné, pero mi cuerpo todavía no puede acercarse." Es una de las frases más difíciles de decir y, al mismo tiempo, una de las más frecuentes después de una infidelidad.

Muchas personas creen que, si decidieron continuar con la relación, el deseo sexual debería reaparecer de forma natural. Sin embargo, no siempre ocurre así. Se puede seguir amando a la pareja, desear reconstruir el vínculo e incluso anhelar recuperar la intimidad, pero descubrir que el cuerpo responde con rechazo, ansiedad o bloqueo.

Lejos de ser una falta de amor o de voluntad, esta reacción tiene una explicación neurobiológica.

Cuando la confianza se rompe, el cerebro entra en alerta

La infidelidad no representa únicamente una ruptura del acuerdo de pareja. Para muchas personas constituye un acontecimiento profundamente traumático, porque destruye la sensación de seguridad emocional sobre la que se sostenía el vínculo.

Nuestro cerebro está diseñado para detectar amenazas. La amígdala cerebral, una estructura clave del sistema límbico, evalúa constantemente si una situación es segura o peligrosa. Cuando descubre una traición importante, interpreta que aquello que parecía un espacio de protección dejó de serlo.

Como consecuencia, activa respuestas de supervivencia: lucha, huida o congelamiento.

Mientras ese sistema permanece activado, el organismo prioriza protegerse antes que experimentar placer. Y el deseo sexual necesita exactamente lo contrario: tranquilidad, confianza y sensación de seguridad.

Por eso muchas personas describen que "su cabeza quiere, pero su cuerpo no puede".

El trauma de la infidelidad existe

Durante muchos años se subestimó el impacto psicológico de descubrir una infidelidad. Sin embargo, la investigación científica ha mostrado que este tipo de experiencias puede generar síntomas muy similares a los observados en el trastorno de estrés postraumático.

Estudios desarrollados por investigadores de la Universidad de Ottawa y la Universidad McGill encontraron que quienes atraviesan este tipo de traición pueden presentar:

* pensamientos intrusivos o recuerdos que aparecen sin querer;
* hipervigilancia constante;
* evitación de situaciones relacionadas con la intimidad;
* dificultades para confiar;
* anestesia o desconexión emocional.

No se trata simplemente de "dar vuelta la página". El sistema nervioso registra la experiencia como una amenaza y continúa reaccionando incluso cuando la persona racionalmente desea avanzar.

Cuando el cuerpo recuerda

Una fragancia, una canción, una conversación o la simple vibración de un teléfono pueden desencadenar una respuesta emocional intensa.

No porque la persona quiera sufrir nuevamente, sino porque el cerebro aprendió a asociar determinados estímulos con el momento del descubrimiento.

Es un mecanismo de protección.

El problema aparece cuando esa alarma permanece encendida mucho tiempo después de haber pasado el peligro inicial. En ese escenario, cualquier intento de intimidad puede ser interpretado inconscientemente como una situación insegura.

Tres respuestas frecuentes

En la práctica clínica suelen observarse tres formas habituales de responder después de una infidelidad.

La primera consiste en la desaparición del deseo sexual. La cercanía física genera ansiedad, rechazo o una profunda indiferencia.

La segunda es casi la opuesta: algunas personas buscan mantener relaciones sexuales de forma compulsiva para comprobar que siguen siendo deseables o para reducir el miedo a perder definitivamente a su pareja.

La tercera transforma la sexualidad en un espacio de conflicto. El sexo deja de ser una expresión de afecto para convertirse en un instrumento de castigo, negociación o control dentro de la relación.

Ninguna de estas respuestas habla de debilidad. Todas reflejan intentos del sistema nervioso por adaptarse a una situación que vivió como profundamente amenazante.

La intimidad no se reconstruye forzándola

Uno de los errores más frecuentes es intentar recuperar la vida sexual demasiado rápido, creyendo que eso demostrará que "todo volvió a la normalidad".

En realidad, suele ocurrir lo contrario.

La intimidad saludable aparece cuando previamente se ha reconstruido la seguridad emocional. Eso implica restablecer la confianza mediante transparencia, coherencia, responsabilidad afectiva y conversaciones honestas.

No existe un plazo universal. Para algunas parejas llevará meses y para otras requerirá un proceso terapéutico más prolongado.

Lo importante es comprender que el objetivo inicial no es recuperar el deseo, sino reconstruir el vínculo que permite que el deseo vuelva a aparecer de manera espontánea.

Un mensaje esperanzador

La buena noticia es que la sexualidad puede recuperarse después de una infidelidad.

Pero no porque el tiempo cure por sí solo.

Se recupera cuando el trauma es reconocido, comprendido y tratado; cuando la persona deja de sentirse en peligro; cuando el cuerpo vuelve a percibir que el otro representa un espacio de cuidado y no una amenaza.

La confianza rota puede reconstruirse. El deseo también.

Pero ambos necesitan el mismo ingrediente indispensable: volver a sentirse seguros.

Bibliografía

* Gordon, K. C., Baucom, D. H., & Snyder, D. K. (2004). An integrative intervention for promoting recovery from extramarital affairs. Journal of Marital and Family Therapy, 30(2), 213-231.
* Peluso, P. R. (2007). The impact of infidelity on the partner: A review of the literature. Journal of Couple & Relationship Therapy, 6(4), 47-60.
* Roos, A., O'Connor, B. P., Canevello, A., & colaboradores. Investigaciones sobre trauma relacional y síntomas postraumáticos asociadas a la infidelidad desarrolladas por equipos de la Universidad de Ottawa y la Universidad McGill.
* American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR).
* van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Penguin Books.