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¿Por qué algunas personas siempre llegan tarde?

Imagen ilustrativa Meta IA

Una mirada desde el estrés, el desarrollo emocional y la percepción del tiempo

Llegar tarde de forma reiterada suele atribuirse al tránsito, a la falta de organización o a una agenda demasiado cargada. Sin embargo, desde la psicología y la medicina del estrés, este hábito puede tener raíces mucho más profundas que van más allá de la simple "mala gestión del tiempo".

Recientemente, el médico y psicólogo Gabor Maté abordó este tema en el pódcast Hasan Minhaj Doesn't Know, donde explicó que la impuntualidad persistente puede estar vinculada a alteraciones en la percepción del tiempo, especialmente en personas con trastorno por déficit de atención (TDAH) o con antecedentes de estrés temprano.

El tiempo no se percibe igual en todos

Según Maté, muchas personas con TDAH no experimentan el tiempo de manera lineal ni realista. Minutos y horas pueden sentirse como una "eternidad" o, por el contrario, desaparecer sin registro consciente. Esta dificultad no responde a falta de interés ni de compromiso, sino a una forma distinta —y muchas veces disfuncional— de procesar el tiempo.

En su libro Mentes dispersas, el autor explica que el sentido del tiempo no está completamente desarrollado al nacer: se construye durante la infancia en interacción con el entorno. Cuando ese entorno está marcado por el estrés crónico, la inseguridad emocional o la sobrecarga parental, ciertos circuitos cerebrales pueden no madurar de manera óptima.

El impacto del estrés temprano

Desde la medicina psicoemocional sabemos que los niños pequeños son altamente sensibles al clima emocional que los rodea. No necesitan comprender racionalmente lo que ocurre: lo sienten. Bebés y niños criados en contextos de tensión constante —padres agotados, preocupaciones económicas, duelos no resueltos— pueden desarrollar una hiperadaptación al presente, sin una adecuada noción de futuro inmediato.

En términos simples: si el sistema nervioso aprende desde temprano a sobrevivir en alerta, el registro del tiempo pasa a segundo plano. Esto puede manifestarse en la adultez como dificultad para anticipar, planificar o llegar a horario.

No es un defecto: es una adaptación

Uno de los aportes más relevantes de Maté es despatologizar estas conductas. El TDAH, según su enfoque, no es una enfermedad genética inevitable, sino una respuesta adaptativa de cerebros sensibles a entornos estresantes. No se trata de culpa, sino de comprensión.

Desde la práctica clínica en estrés observamos con frecuencia adultos altamente funcionales, comprometidos y responsables, que sin embargo viven en conflicto permanente con el reloj. Detrás de esa dificultad suele haber historias de exigencia temprana, hipervigilancia emocional o autoexigencia sostenida.

¿Qué podemos hacer hoy?

Si la impuntualidad es un patrón repetido, el primer paso no es castigarse, sino preguntarse qué relación tenemos con el tiempo, con el cuerpo y con la autoexigencia. Trabajar la regulación del sistema nervioso, revisar la historia personal y aprender estrategias de organización acordes al propio funcionamiento puede marcar una diferencia significativa.

La buena noticia es que el cerebro mantiene su capacidad de cambio a lo largo de la vida. Comprender el origen de estas conductas permite abordarlas con mayor compasión, eficacia y salud.

Como sostiene Maté, no siempre somos responsables de cómo se formó nuestra mente, pero sí podemos asumir la responsabilidad de cómo la cuidamos y acompañamos hoy.

Bibliografía
• Maté, G. (2019). Mentes dispersas. Barcelona: Editorial Océano.
• Maté, G. (2014). Cuando el cuerpo dice no. Barcelona: Editorial Sirio.
• Maté, G. (2022). El mito de lo normal. Barcelona: Editorial Planeta.
• Minhaj, H. (2024). My Therapy Session with Dr. Gabor Maté. En Hasan Minhaj Doesn't Know.
• Organización Mundial de la Salud. (2022). Stress, early life adversity and mental health. OMS.

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