Políticas Públicas

No todos envejecemos al mismo ritmo

La edad biológica puede ser muy diferente de la edad que marca nuestro documento. Y nuestra salud mental tiene mucho que ver con ello.

¿Cuántos años tiene usted?

La respuesta suele ser inmediata. Todos conocemos nuestra edad cronológica: los años transcurridos desde nuestro nacimiento. Sin embargo, esa cifra no siempre refleja el verdadero estado de nuestro organismo.

Existe otro concepto que en los últimos años ha despertado un enorme interés en la comunidad científica: la edad biológica. Esta representa el grado de envejecimiento real de nuestro cuerpo y depende no solo de la genética, sino también del estilo de vida, del ambiente y, muy especialmente, de cómo gestionamos nuestras emociones.

Por eso, dos personas de la misma edad pueden tener una salud completamente diferente. Una puede conservar una excelente capacidad física y cognitiva, mientras que la otra presenta enfermedades y un deterioro propio de alguien mucho mayor.

¿Qué explica esa diferencia?

Durante mucho tiempo se pensó que el envejecimiento era un proceso inevitable determinado casi exclusivamente por los genes. Hoy sabemos que no es así. La ciencia demuestra que nuestras decisiones cotidianas influyen profundamente en la velocidad con la que envejecemos.

Y entre todos esos factores hay uno que suele pasar desapercibido: el estrés crónico.

Cuando vivimos durante meses o años bajo presión constante, con ansiedad, preocupaciones permanentes o conflictos emocionales no resueltos, el organismo permanece en un estado de alerta para el que no fue diseñado. Aumentan las hormonas del estrés, se favorecen procesos inflamatorios, disminuye la capacidad de reparación celular y se incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, deterioro cognitivo y depresión.

En otras palabras, el cuerpo comienza a "gastar" más rápido sus recursos.

Pero no solo el estrés acelera el reloj biológico. La soledad, la falta de descanso, el sedentarismo, la mala alimentación y la ausencia de vínculos significativos también dejan una huella silenciosa sobre nuestra salud.

La buena noticia es que este proceso no es irreversible.

Dormir bien, realizar actividad física regularmente, mantener relaciones saludables, encontrar espacios de disfrute, cultivar la espiritualidad, aprender a regular las emociones y pedir ayuda cuando la necesitamos son intervenciones que no solo mejoran nuestro bienestar psicológico: también ayudan a preservar nuestra salud biológica.

Cada vez existen más investigaciones que muestran que cuidar la mente también protege al cuerpo.

Quizá por eso deberíamos empezar a hacernos una pregunta diferente. No solamente cuántos años tenemos, sino cómo estamos viviendo esos años.

Porque la verdadera juventud no consiste únicamente en aparentar menos edad. Consiste en conservar la capacidad de disfrutar, aprender, vincularnos, adaptarnos y encontrar sentido a cada etapa de la vida.

El calendario seguirá avanzando para todos. Pero la forma en que elegimos vivir cada día puede hacer que nuestro organismo lo transite con mayor salud, vitalidad y bienestar.

Al fin y al cabo, la edad cronológica es un dato. La edad biológica, en gran medida, es una historia que escribimos todos los días con nuestras decisiones.

Bibliografía

* López-Otín C, et al. The Hallmarks of Aging. Cell. 2013.
* López-Otín C, et al. Hallmarks of Aging: An Expanding Universe. Cell. 2023.
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* McEwen BS. Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine. 1998.