A 25 años de la creación de Ingenio, la primera incubadora en Uruguay
La presidenta del LATU, Lucila Arboleya, conversó con Somos Uruguay Revista sobre los 25 años de Ingenio, la primera incubadora del país, el rol del Parque de Innovación del LATU en el desarrollo del sector, los desafíos para incrementar el número de emprendimientos tecnológicos escalables y la capacidad para "transformar conocimiento en soluciones, empresas y exportaciones".
¿Qué significa para el LATU que Ingenio cumpla 25 años?
Para el LATU es un hito muy relevante. Ingenio fue una apuesta temprana: en 2001 Uruguay todavía no hablaba de startups, incubadoras o economía del conocimiento con la naturalidad actual. Desde entonces, Ingenio ayudó a instalar una cultura emprendedora de base tecnológica. No se trató solo de acompañar empresas, sino de demostrar que desde Uruguay se podían crear soluciones innovadoras, escalables y con potencial internacional.
Es reconocida como la primera incubadora del país y nació dentro del LATU, una institución con fuerte base tecnológica, infraestructura y vínculo con el sector productivo. Esa combinación permitió acompañar emprendimientos no solo desde la mirada de negocio, sino también desde la validación técnica, la calidad, la tecnología y la conexión con sectores productivos reales.
En estos 25 años, ¿cómo ha sido el desarrollo de ese tipo de experiencias y cuál ha sido el impacto en las empresas, en la cultura emprendedora y los diferentes sectores de actividad?
La incubadora deja como resultado empresas, talento, capacidades y cultura. En estos años pasaron por Ingenio cientos de proyectos de base tecnológica: más de 240 empresas incubadas, casi 120 operando actualmente, más de 1.500 empleos generados y presencia o exportación a más de 40 países. Además del impacto, hay cosas que no se miden solo por la cantidad de startups incubadas, sino por la creación de capacidades y cultura emprendedoras y tecnológicas para el país.
¿Puede nombrar algún ejemplo de emprendimiento que refleje ese impacto?
Ha habido emprendimientos de software, electrónica, robótica, inteligencia artificial, soluciones para laboratorios, educación y movilidad. Por ejemplo, el caso de Marvik, una empresa de desarrollo de software especializada en machine learning, que este año participó en el Nvidia GPU Technology Conference y hoy trabaja con más de 250 especialistas en IA. También, entre otras, Prometeo, una fintech con alcance en más de 110 países, que en 2024 cerró una ronda de inversión serie A por US$ 13 millones; Dvelop, que ha desarrollado software para más de 200 clientes, con más de 700 proyectos; o Tryolabs, que desarrolla aplicaciones web y mobile que incluyen componentes altamente complejos como IA, análisis de datos y procesamiento del lenguaje natural, y que fue seleccionada como partner del programa Gemini Enterprise Transformation de Google Cloud. Ese tipo de casos muestra cómo una incubadora puede conectar conocimiento tecnológico con necesidades concretas del sector productivo.
El LATU tiene un rol clave en materia de validación de tecnología, procesos, y como centro de innovación. ¿Qué aporta a una incubadora como Ingenio?
El Parque de Innovación del LATU permite tejer vínculos con una red de empresas vinculadas a la ciencia y la tecnología que trabajan allí, además de darle reputación técnica, infraestructura, laboratorios, vínculo con el sistema productivo, capacidad de validación y una mirada muy conectada con la economía real. Una startup necesita creatividad y velocidad, pero también necesita probar, validar, certificar, acceder a clientes, entender mercados y escalar. Ahí el LATU tiene un diferencial muy fuerte.
¿Qué distingue a Ingenio de otras incubadoras o aceleradoras?
Su particularidad consiste en estar dentro de un ecosistema tecnológico e institucional como el que integran el LATU y Latitud (la fundación de investigación, desarrollo e innovación del LATU). Ingenio no es solo un espacio de mentoría, sino que está ubicada en el Parque de Innovación del LATU, con acceso a capacidades técnicas y cercanía con empresas, sector público y academia. Ese entorno permite trabajar mejor la transición entre una idea, un prototipo, una validación y una empresa real.
Ingenio es una pieza clave del parque, que no debe verse solo como infraestructura física, sino como un ecosistema donde conviven empresas, laboratorios, conocimiento, emprendedores y capacidades de innovación. Desde allí, la incubadora cumple el rol de transformar ideas y proyectos tecnológicos en empresas con potencial de crecimiento.
¿Seguirá siendo una incubadora o evolucionará hacia otro modelo?
Continuará acompañando startups, pero el desafío es evolucionar. El ecosistema ya no necesita solamente incubación básica; necesita validación tecnológica, acceso a pilotos, conexión con sectores productivos, inversión, internacionalización y escalamiento. En esa línea, Ingenio debe evolucionar para acompañar la transformación que el mundo plantea.
¿Qué sectores deberían ser prioridad en esta nueva etapa?
Uruguay tiene oportunidades claras y desafíos en diferentes áreas, por ejemplo, en agroindustria, alimentos, biotecnología, ambiente, agua, energía, electrónica, inteligencia artificial, salud, materiales y economía circular. La clave es trabajar donde el país ya tiene capacidades productivas y científicas, donde la tecnología puede agregar más valor y donde hay demanda (especialmente internacional). Estamos trabajando precisamente en los sectores en los que Ingenio debe enfocarse.
En un momento de crecimiento exponencial de las startups, y a su vez en momentos de incertidumbre en cuanto a los procesos productivos del futuro, ¿qué debería hacer Uruguay para continuar aprovechando el crecimiento asociado a la innovación?
La productividad y el crecimiento futuro dependen cada vez más de la capacidad de transformar conocimiento en soluciones, empresas y exportaciones. Uruguay no compite por escala; compite por calidad, talento, confianza, regulación, especialización y capacidad de resolver problemas complejos. Las incubadoras ayudan a convertir talento e ideas en empresas reales.
Pensando en la transformación productiva, las startups son vehículos ágiles para introducir nuevas tecnologías, probar modelos de negocio, abrir mercados y resolver problemas que muchas veces las empresas consolidadas no pueden abordar con la misma velocidad, pero no deben estar desconectadas del aparato productivo. El mayor impacto ocurre cuando startups, empresas, instituciones tecnológicas, universidades y Estado trabajan conectados.
¿Qué falta en Uruguay para que haya más emprendimientos tecnológicos escalables?
Falta fortalecer el acceso a capital inteligente, aumentar la conexión con grandes empresas y mercados internacionales, generar más espacios de validación tecnológica, facilitar pilotos y compras innovadoras, y consolidar talento técnico y comercial. Uruguay tiene una buena base, pero debe profundizar la capacidad de escalar.
¿Dónde debería estar Ingenio en los próximos diez años?
Debería ser una plataforma de referencia regional para emprendimientos de base tecnológica, conectada al Parque de Innovación del LATU, a Latitud, al sector productivo, al Estado, a la academia y a redes internacionales. El objetivo no es solo incubar más, sino incubar mejor: con más impacto, más tecnología y más capacidad de escalar.