En un análisis acerca de cómo se imparte, accede y amplía la educación en América Latina y el Caribe, McKinsey & Company publicó un nuevo informe titulado "Tech and philanthropy: Fueling learning in Latin America and the Caribbean", en el que advierte que, a pesar de los avances en la cobertura, la región atraviesa un momento clave para transformar sus sistemas educativos, en un contexto marcado por bajos niveles de desempeño y brechas de aprendizaje.
En este contexto, se destaca la oportunidad de combinar tecnología educativa (edtech), filantropía y alianzas público-privadas como una vía para cerrar brechas estructurales y elevar la calidad educativa.
América Latina y el Caribe enfrentan una continua deficiencia en el aprendizaje. El 79% de los estudiantes de sexto grado no logra comprender textos básicos, lo que posiciona a la región entre las de mayor pobreza de aprendizaje a nivel global, según el indicador del Banco Mundial que mide los resultados educativos.
Si bien el acceso a la educación ha mejorado en los últimos años, los resultados de aprendizaje en América Latina y el Caribe se han mantenido estancados o incluso han retrocedido desde 2015.
Aunque la mayoría de los países alcanzó niveles casi universales de escolarización primaria y amplió la cobertura en secundaria, los indicadores de rendimiento continúan siendo bajos, ya que el 75% de los jóvenes de 15 años no cuenta con conocimientos básicos en matemáticas y el 55% presenta niveles de lectura por debajo de lo esperado.
A su vez, persisten las desigualdades socioeconómicas, ya que los estudiantes de mayores ingresos tienen hasta cinco veces más probabilidades de completar la educación secundaria.
El acceso a la educación postsecundaria también ha mejorado, aunque la inserción laboral continúa siendo un reto. La matrícula en educación superior se ha incrementado, especialmente en países de mayores ingresos, alcanzando tasas de hasta el 82%.
Sin embargo, los países de ingresos medios bajos y bajos todavía enfrentan importantes desafíos, con tasas brutas de matriculación cercanas al 27%, frente a aproximadamente un 65% en los países de ingresos medios altos.
Estas dinámicas también generan impactos económicos. Según el informe, reducir en un 10% la proporción de jóvenes que abandonan el sistema educativo podría impulsar el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) entre uno y dos puntos porcentuales.
A nivel global, la tecnología educativa ha demostrado su capacidad para mejorar la educación al ampliar el acceso en zonas desatendidas, mejorar los resultados de aprendizaje y aumentar la eficiencia operativa, habilitando experiencias de enseñanza más personalizadas.
No obstante, enfrenta desafíos vinculados al financiamiento y a su adopción. En América Latina y el Caribe, aunque gran parte de los recursos se destinan al aprendizaje básico, solo el 10% se orienta a soluciones tecnológicas para los niveles primario y secundario.
La prevalencia de modelos de negocio orientados al vínculo empresa-gobierno (B2G) explica en parte las dificultades de financiamiento que enfrentan las empresas de edtech en educación primaria y secundaria. A su vez, los inversores de la región tienden a priorizar modelos de mercado privado por su mayor atractivo y previsibilidad, debido al mayor potencial percibido y la mayor seguridad en retorno de la inversión, en comparación con los esquemas públicos.
Frente a este escenario, abordar los desafíos educativos y potenciar el impacto de la tecnología en América Latina y el Caribe requerirá la acción coordinada de múltiples actores, entre ellos gobiernos, sistemas educativos, inversores e innovadores, según McKinsey & Company.
De acuerdo con el reporte, las organizaciones filantrópicas pueden desempeñar un rol clave como catalizadoras, acelerando el impacto y promoviendo un círculo virtuoso en la región. Esto implica invertir de manera estratégica en el desarrollo de mercados e iniciativas que no son cubiertas por el sector privado, con el objetivo de maximizar los resultados. La experiencia en otros ámbitos, como la salud y la conectividad, demuestra que la filantropía puede dinamizar mercados y generar transformaciones sostenibles.