Empresariales
Juan Pablo Salgado, presidente de Cutcsa

"La incorporación de la movilidad eléctrica transformó a toda nuestra organización"

23-07-2026
Foto: Cutcsa

En entrevista con Somos Uruguay Revista, Juan Pablo Salgado habló sobre el proceso de cambio de la empresa al asumir el desafío de cambiar la matriz energética, que implicó, solo en su primera etapa, una inversión de unos 100 millones de dólares, para lograr que el 25 % de la flota sea eléctrica. Salgado también se refirió al trabajo coordinado con UTE para generar la infraestructura necesaria para darles servicios a las unidades eléctricas. Además, señaló que la electrificación de la flota y la reforma del transporte metropolitano "son dos procesos que avanzan en la misma dirección".

Cutcsa completó la primera etapa del programa de cambio de la matriz energética de su flota, al lograr que el 25 % de las unidades sean eléctricas. ¿Cómo fue ese proceso al que se comprometieron en 2022?

Sí, Cutcsa logró cumplir el compromiso asumido y alcanzar que el 25 % de su flota fuera eléctrica. Pero en realidad este proceso no comenzó en 2022, sino muchos años antes.

El 9 de mayo se cumplieron diez años de la puesta en operación de nuestro primer ómnibus eléctrico, en 2016. Ese fue el primer paso de un camino de aprendizaje que iniciamos convencidos de que el futuro del transporte público sería eléctrico. Como es habitual en Cutcsa, antes de realizar transformaciones de gran magnitud buscamos comprender profundamente la tecnología, formar a nuestros equipos y generar las capacidades necesarias para que los cambios sean sostenibles en el tiempo.


Si nos enfocamos específicamente en el compromiso asumido en 2022, es importante remontarse a la COP 26 (Conferencia de las Partes de Cambio Climático) de Glasgow, realizada en noviembre de 2021, donde la comunidad internacional estableció objetivos muy ambiciosos para la descarbonización del transporte pesado.

En sintonía con esos compromisos, en diciembre de 2021, el directorio de Cutcsa resolvió adoptar una hoja de ruta propia para acompañar esa transición, definiendo metas concretas: alcanzar un 25 % de flota eléctrica en 2025, un 50 % en 2030, un 75 % en 2035 y llegar al 100 % de electrificación en 2040.

Se trató de un desafío enorme, que exigió una transformación integral de la empresa. No solo implicó la incorporación de 261 nuevos ómnibus eléctricos, sino también la adecuación de nuestra infraestructura, la capacitación de cientos de trabajadores y la conversión de cinco de nuestros predios de estacionamiento en estaciones de carga.

La inversión realizada superó los 100 millones de dólares y permitió que hoy Cutcsa cuente con 281 ómnibus eléctricos en su flota, representando el 25 % del total de sus unidades, además de una red de más de 260 puestos de carga distribuidos en sus diferentes plantas. 

El próximo paso es lograr el 50 % de la flota eléctrica en 2030. ¿Cómo se vienen preparando para lograrlo y cuáles son las ventajas y los desafíos que tienen para cumplir esa meta?

Cuando Cutcsa definió su hoja de ruta hacia la electrificación total al año 2040, una de las primeras decisiones fue sentarse a trabajar junto con UTE. Así como durante gran parte de nuestros casi 89 años de historia Ancap fue y sigue siendo un socio estratégico para garantizar el abastecimiento energético de nuestra operación y la del transporte público de nuestro país, hoy UTE ocupa un rol fundamental en esta nueva etapa.

Desde el comienzo entendimos que la transformación no consistía únicamente en comprar ómnibus eléctricos. Era necesario planificar, junto con el proveedor de energía, toda la infraestructura que debía desarrollarse para acompañar el crecimiento de la flota durante las próximas décadas. Por eso compartimos con UTE nuestra hoja de ruta completa hasta 2040, permitiendo que tanto las inversiones de la empresa como las obras de infraestructura en la red pública fueran concebidas con una visión de largo plazo.

Gracias a ese trabajo coordinado, hoy Cutcsa dispone de 18,5 MW de potencia instalada para abastecer sus operaciones de carga, convirtiéndose en uno de los mayores consumidores de energía. Además, tanto Cutcsa como UTE conocen con precisión dónde estarán los próximos incrementos de demanda, cuáles serán los predios involucrados y qué obras deberán ejecutarse para acompañar el crecimiento proyectado hacia 2030 y más allá.

Esa planificación anticipada representa una de nuestras principales ventajas. Muchas de las inversiones realizadas en infraestructura ya fueron dimensionadas pensando en futuras expansiones, lo que nos permite avanzar de forma más eficiente hacia la meta de alcanzar el 50 % de la flota eléctrica en 2030.

Sin embargo, aún subsisten desafíos importantes. El principal es la velocidad con la que evoluciona la tecnología, especialmente en materia de baterías y sistemas de carga. La industria está cambiando permanentemente, y eso obliga a encontrar un equilibrio entre invertir oportunamente y evitar que determinadas soluciones queden obsoletas en pocos años.

Otro aspecto clave es el desarrollo del conocimiento técnico dentro de la organización. La electrificación no solo transforma los vehículos, sino también las competencias necesarias para operarlos y mantenerlos. En ese sentido, Cutcsa viene realizando un importante esfuerzo de capacitación de su personal, profundizando conocimientos en electrónica de potencia, sistemas de carga y tecnologías de baterías.

Incluso estamos avanzando en proyectos de investigación vinculados a la reparación de baterías y a su segundo uso, una vez finalizada su vida útil en los ómnibus. Esto tiene una doble importancia: por un lado, contribuye a optimizar los costos asociados a uno de los componentes más valiosos del ómnibus; por otro, fortalece nuestro compromiso con la sostenibilidad y la economía circular.

Por todo ello, creemos que alcanzar el 50 % de electrificación en 2030 es un desafío exigente, pero también una meta realista. La experiencia acumulada durante estos años, la planificación conjunta con UTE y el desarrollo de capacidades técnicas dentro de la empresa nos permiten mirar esa próxima etapa con confianza y responsabilidad.

El cambio de matriz en la flota implica cambios en la logística, en la capacitación del personal y hasta en aspectos culturales, por ejemplo, la forma de manejo para optimizar el rendimiento de las baterías. ¿Cómo se vienen adaptando a esos cambios?

La incorporación de la movilidad eléctrica en Cutcsa no fue simplemente un cambio tecnológico; fue una transformación que atravesó a toda la organización. Cuando se habla de electrificar una flota, muchas veces se piensa únicamente en los ómnibus, pero en realidad implica revisar procesos, conocimientos, infraestructura, formas de trabajo e incluso aspectos culturales profundamente arraigados.

Por eso, una vez definido el compromiso de avanzar hacia la descarbonización de la flota, una de las primeras acciones que tomó el directorio fue generar una estructura de trabajo que permitiera abordar el desafío de manera integral. En una sesión histórica de directorio, con la participación de más de 70 personas, integrantes de todas las gerencias, jefaturas y responsables de distintas áreas, se conformaron 13 grupos de trabajo especializados.

Estos equipos analizaron todos los aspectos involucrados en la transición: capacitación de conductores y técnicos, logística operativa, infraestructura de carga, planificación financiera, aspectos contables y legales, gestión de repuestos, seguridad, comunicación e incluso cuestiones vinculadas a la identidad visual de la nueva flota, como el diseño de pintura de los vehículos y su interacción con los espacios publicitarios.

Una nueva cultura organizacional

La experiencia nos demostró que el factor más importante para gestionar un cambio de esta magnitud no es la tecnología, sino las personas. Para que una transformación sea exitosa debe existir primero una convicción firme del directorio y luego un alineamiento de todos los niveles de la organización. Cuando quienes lideran la empresa transmiten una visión clara y generan confianza en el camino elegido, es mucho más sencillo que cada área adapte sus procesos y contribuya al objetivo común.

A partir de ese trabajo inicial, cada departamento fue incorporando progresivamente nuevas prácticas y conocimientos. Los conductores comenzaron a capacitarse en técnicas de conducción eficiente para optimizar el rendimiento energético y aprovechar mejor la regeneración de las baterías. Los equipos de mantenimiento adquirieron nuevas competencias vinculadas a la electrónica de potencia, los sistemas de carga y la gestión de baterías. Las áreas operativas incorporaron nuevas herramientas para planificar la disponibilidad de los vehículos y coordinar los procesos de carga.

En definitiva, más que adaptarnos a una nueva tecnología, lo que hemos hecho es construir una nueva cultura organizacional alrededor de la movilidad eléctrica. Ese proceso continúa evolucionando todos los días y constituye uno de los principales activos que tiene hoy Cutcsa para seguir avanzando hacia las metas de electrificación previstas para los próximos años.

El transporte público está en una etapa de transformación. ¿En qué medida el recambio de flota de Cutcsa sintoniza con los proyectos elaborados por el gobierno para el transporte metropolitano?

Cuando en 2021 definimos nuestra hoja de ruta hacia la descarbonización total al año 2040, lo hicimos entendiendo que la movilidad del futuro no iba a consistir únicamente en sustituir motores diésel por motores eléctricos. La verdadera transformación requería una visión integral del sistema de transporte, incorporando nuevas tecnologías, mejor infraestructura, mayor eficiencia operativa y una mejor experiencia para los usuarios.

Por eso valoramos especialmente que este debate se haya instalado y que todos los actores involucrados sean convocados a una conversación tan necesaria para construir la mejor reforma posible. Empresas, trabajadores y usuarios tienen mucho para aportar desde sus distintas perspectivas y experiencias.

En ese sentido, la creación de una Agencia del Sistema de Transporte Metropolitano, la coordinación entre el gobierno nacional, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, el Ministerio de Economía y Finanzas y las intendencias de Montevideo, Canelones y San José, así como los proyectos orientados a mejorar la velocidad comercial, la integración de los servicios y la calidad del transporte público, deben sustentarse en acuerdos amplios y duraderos que otorguen previsibilidad y permitan consolidar una política pública de largo plazo.

En este contexto, el proceso de electrificación que viene desarrollando Cutcsa no solo es compatible con esa visión, sino que constituye una herramienta fundamental para hacerla posible. Hoy contamos con una de las mayores flotas eléctricas de transporte público de América Latina y hemos realizado importantes inversiones en infraestructura de carga, capacitación de personal y desarrollo tecnológico, que nos permiten acompañar activamente cualquier proceso de modernización que el sistema requiera.

Naturalmente, toda transformación de esta magnitud representa desafíos. Requiere coordinación institucional, planificación de largo plazo e importantes inversiones públicas y privadas. Pero también abre una enorme oportunidad para construir un sistema de transporte más atractivo para los ciudadanos, capaz de recuperar pasajeros, reducir emisiones y mejorar la competitividad de toda el área metropolitana. Desde nuestra perspectiva, la electrificación de la flota y la reforma del transporte metropolitano son dos procesos que avanzan en la misma dirección y se potencian mutuamente. 

Mientras el país trabaja en el diseño de un nuevo sistema de movilidad para las próximas décadas, Cutcsa ya viene desarrollando las capacidades técnicas, humanas y operativas necesarias para contribuir activamente a esa transformación. Estamos convencidos de que los grandes cambios solo son sostenibles cuando se construyen sobre la base del diálogo, la cooperación y una visión compartida. Por eso, reafirmamos nuestra disposición a aportar la experiencia acumulada durante estos años para que Uruguay cuente con un sistema de transporte metropolitano más eficiente, moderno y alineado con los desafíos ambientales y sociales del futuro.

Cuando se realizó la propuesta, parecía un objetivo realmente desafiante. Sin embargo, ya se avanzó en el primer paso, quizás el más difícil de concretar. ¿Qué virtudes tuvo la empresa para poder alcanzar el objetivo?

Creo que la principal virtud de Cutcsa fue haber entendido que este no era un proyecto de compra de ómnibus, sino un proyecto de transformación de toda la organización. Cuando se planteó por primera vez la meta de alcanzar un 25 % de flota eléctrica para 2025, muchas personas lo consideraron extremadamente ambicioso. Y tenían razón. No estábamos hablando únicamente de incorporar cientos de ómnibus nuevos; estábamos hablando de modificar una matriz energética que había acompañado al transporte durante décadas, desarrollar infraestructura de carga, capacitar personal, adaptar procesos operativos y realizar inversiones muy importantes.

Un esfuerzo de toda la organización

Sin embargo, hubo algo que desde el comienzo marcó la diferencia: la convicción. Primero la convicción del directorio de la empresa, que tuvo la visión de entender hacia dónde evolucionaba la movilidad en el mundo y asumió el compromiso de anticiparse a ese cambio. Pero tan importante como esa visión fue el respaldo permanente de los accionistas de Cutcsa, que acompañaron cada una de las decisiones necesarias para hacer realidad esa transformación. En ningún momento dejaron de confiar en el rumbo trazado ni en que los objetivos planteados podían alcanzarse.


A partir de allí se produjo algo que considero fundamental: toda la organización se alineó detrás de un objetivo común. Desde el directorio, las gerencias hasta los mandos medios, desde los equipos técnicos hasta los conductores, cada sector comprendió que estaba participando en una transformación histórica para la empresa. Esa cultura organizacional, basada en el compromiso, la planificación y el trabajo en equipo, fue probablemente el activo más importante que tuvimos durante todo el proceso.

Otra virtud clave fue entender que este desafío no podía enfrentarse en solitario. Desde el primer día construimos una relación de trabajo muy estrecha con UTE, que se transformó en un socio estratégico indispensable para esta transición. Se generó una sinergia extraordinaria entre los equipos técnicos y las autoridades de ambas organizaciones, compartiendo información, planificando inversiones y coordinando obras con una visión de largo plazo.

Gracias a ese trabajo conjunto, logramos algo que no era sencillo: que la infraestructura estuviera pronta antes de que llegaran los vehículos. Mientras los ómnibus se fabricaban y viajaban hacia Uruguay, las estaciones de carga, los aumentos de potencia y las adecuaciones eléctricas ya estaban siendo ejecutadas. Esa coordinación permitió que cada incorporación de flota se realizara de forma ordenada y eficiente, sin que la infraestructura se transformara en una limitante para el crecimiento.

Si tuviera que resumir la principal enseñanza de estos años, diría que los grandes desafíos dejan de parecer imposibles cuando existe una visión clara, planificación de largo plazo, confianza entre los distintos actores y una organización comprometida detrás de un mismo propósito. Lo que en 2021 parecía una meta muy difícil de alcanzar, hoy es una realidad concreta. Y quizás eso nos da la mayor confianza para seguir avanzando hacia los próximos objetivos que nos hemos propuesto.

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