La riqueza global sigue creciendo, pero se aleja de la economía real, según McKinsey
El McKinsey Global Institute, división de la consultora McKinsey & Company, publicó el reporte "The global balance sheet 2026: Imbalance and divergence", un balance anual que considera los activos, pasivos y patrimonio a nivel mundial, ofreciendo una perspectiva de la salud económica. Para obtener este panorama, el estudio analiza información de 23 economías que, en conjunto, representan cerca del 70% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.
Esta última edición estima que el balance global alcanzó casi 1,8 mil billones de dólares en 2025, frente a los 1,7 mil billones de 2024, y señala que cerca de tres cuartas partes del total se concentran en cuatro categorías de activos: bienes raíces (24%), acciones (23%), deuda (19%) y efectivo y depósitos (11%).
El informe indica que se ha dado un creciente distanciamiento del balance general respecto de la economía real en 2025, impulsado principalmente por Estados Unidos, cuya deuda pública se mantiene cerca de máximos históricos, y China, donde esta ha crecido con mayor rapidez.
"El valor de las acciones estadounidenses se disparó hasta equivaler a 2,4 veces los activos netos de las empresas, ya que las ganancias duplicaron su participación en el PIB desde el año 2000", explica. La consultora agrega que más de la mitad del crecimiento de la capitalización bursátil del índice S&P 500 entre 2021 y 2025 se concentró en las denominadas "Siete Magníficas", las siete empresas tecnológicas más grandes y dominantes de Wall Street, impulsado por el entusiasmo en torno a la tecnología y la inteligencia artificial.
En tanto, la deuda corporativa de China creció seis puntos porcentuales del PIB en 2025, llegando hasta el 80% de los activos reales, frente a un 50% registrado a nivel mundial, en un contexto de incremento de las empresas con pérdidas y de caída de los precios al productor.
A nivel mundial, explica, la deuda corporativa y de los hogares, así como el valor de los activos inmobiliarios, comenzaron a converger hacia los promedios registrados en los últimos 25 años en relación con el PIB, una normalización a la que contribuyó la inflación, aunque estos indicadores continúan muy por encima de los niveles observados antes del año 2000. En paralelo, la relación entre los activos productivos y el PIB permaneció estable, reflejando un contexto de inversión estancada.
Además, destaca que la riqueza global de los hogares alcanzó un nuevo máximo de 570 billones de dólares el pasado año, impulsado principalmente por la llamada "riqueza en papel", es decir, por el aumento del valor de activos ya existentes por encima de la inflación, que representó un 58% del crecimiento. En tanto, solamente el 20% provino de nuevas inversiones productivas.
Respecto al comienzo de 2026, el trabajo explica que las principales economías seguían trayectorias distintas. Estados Unidos transitaba un escenario de "aceleración de la productividad", aunque la elevada deuda pública y la intensa actividad bursátil incrementaban el riesgo de una "inflación sostenida" o de un "ajuste de balance".
Europa se encaminaba hacia un "estancamiento secular", mientras que China experimentaba un ajuste parcial de su balance en medio de la caída del valor de los inmuebles, si bien el gasto público y la inversión empresarial continuaron impulsando su crecimiento.
Como conclusión del análisis de los 23 países, la consultora señala que un balance global desalineado con la economía real, caracterizado por elevados niveles de riqueza en papel, deuda y liquidez, puede corregirse mediante una aceleración de la productividad, un aumento de la inflación o ajustes en los precios de los activos. Otra posibilidad es que se mantenga elevado en un escenario de estancamiento secular, postergando esas correcciones.
Cada uno de estos escenarios plantea perspectivas distintas para la economía global y, aunque todos continúan siendo posibles para las economías estudiadas, cada una sigue una trayectoria diferente y enfrenta factores específicos que podrían modificar su evolución.
En ese contexto, el McKinsey Global Institute identifica a la aceleración de la productividad como el único escenario capaz de generar un crecimiento económico real que justifique las valoraciones de los activos y preserve la riqueza a largo plazo, por lo que recomienda a los líderes empresariales impulsar iniciativas que favorezcan ese resultado, además de "prepararse para una gama inusualmente amplia de escenarios económicos y observar atentamente los factores clave que marcan la diferencia, más allá del ruido de los indicadores diarios".